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Roe v. Wade: ¿Debemos de Celebrar?


Anoche escribí lo que pensé que sería el tema más importante, por lo menos para los próximos días. Hoy, muchos despertamos con la noticia de que la corte suprema de los estados unidos había derogado Roe v. Wade. En palabras sencillas, esta determinación quiere decir que el aborto ya no es un derecho constitucional en los estados unidos, y cada estado (y Puerto Rico) ahora tiene el derecho de establecer sus propias leyes, al respecto. Es decir, cada estado es libre para decidir si continuar permitiendo el aborto o no, lo cual quiere decir que, muy probablemente, alrededor de la mitad de los estados lo prohibirán.


En respuesta a esta determinación, muchos cristianos han hecho sus expresiones celebrando este momento tan histórico, y con mucha razón. Esto del aborto ha sido una lucha por más de 50 años, y finalmente podemos celebrar que el matar a un ser humano en el vientre ya no es un derecho. La esperanza es que esto resultará en la salvación de millones de bebés que hubieran sido abortados, y que finalmente se defienda, por ley, la santidad de la vida.


Habiendo dicho eso, ¿realmente deberíamos de estar celebrando? Antes de contestar esa pregunta, debemos de reflexionar sobre la situación, sus implicaciones, y el estado de nuestros corazones. Ofreceré algunos puntos sobre los cuales deberíamos de reflexionar, antes de tirarnos a las redes a celebrar esta “victoria.”


Primero, ¿qué estamos celebrando? Seguramente, muchas personas están celebrando, genuinamente, la salvación de tantas vidas que hubieran sido abortadas, de no ser revocado Roe v. Wade. Pero, en mi observación he visto que este no es el enfoque. Lo que he visto son muchas celebraciones políticas, personas de la derecha “echándosela en la cara” a las personas de la izquierda, como si esto fuera un juego. Recordemos lo que nos dice la Palabra: “Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes, Y cuando tropezare, no se alegre tu corazón. No sea que Jehová lo mire, y le desagrade, Y aparte de sobre él su enojo” (Proverbios 24:17-18). Dios no se alegra de la muerte de los impíos, a pesar de que son merecedores de esa muerte (Ezequiel 33:11). Mucho menos nosotros debemos de tomar de este momento como oportunidad de humillar o burlarnos de los del otro lado. Seamos humildes, y recordemos que es el deseo de Dios que todos sean salvos (1 Timoteo 2:4), incluyendo a todo aquel que en este momento apoya el aborto.


Segundo, aunque la mayoría de los que no apoyamos el aborto entendemos que es un asunto moral, ético, y que se trata sobre la santidad de la vida, debemos de intentar entender al lado contrario. A algunas personas sencillamente no les importa la vida de un feto, otros solo quieren hacerse ricos a través del aborto, y otros solo lo ven como un instrumento político para obtener votos y poder (esto lo podemos ver en ambos lados). Pero, yo diría que en la mayoría de los casos, especialmente en el caso de las mujeres que están contemplando esta decisión, genuinamente lo ven como un asunto de autonomía y derechos humanos.


Recordemos que, aunque para nosotros esto se trata de salvar una vida que no tiene quién la defienda, para muchas personas (mujeres), el prohibir el aborto es un atento en contra de su propia humanidad. Es decir, muchas mujeres no ven el aborto como asesinato; no ven al feto como una vida humana. Y, muchas de estas mujeres entienden que la mejor decisión para ellas es abortar. Estas personas podrían estar equivocadas, pero ese no es el punto. El punto es que así lo ven. Por lo tanto, cuando nosotros celebramos públicamente la revocación de Roe v. Wade, estas personas lo están viendo como una burla. Ellas nos ven a nosotros como cristianos extremistas que solo queremos controlar a la mujer, limitando lo que ella puede hacer con su propio cuerpo, y que las estamos obligando a sacrificar el resto de sus vidas en contra de su voluntad, solo porque nosotros creemos que no es correcto abortar. Muchos también lo ven como una violación a la separación de estado e iglesia, y como un ataque a los derechos humanos.

Todo esto lo debemos de tomar en consideración a la hora de decir si celebrar o no. Creo que debemos ser un poco más empáticos con estas personas, recordando que es a estas mismas personas a quienes hemos sido llamados a amar. Es a estas personas a quienes mañana le vamos a querer predicar el evangelio. ¿Creemos que van a querer escuchar nuestro mensaje mañana, cuando hoy nos estábamos burlando de ellas? ¿Cómo van a creer que las amamos, o que Dios las ama, cuando hoy les estamos diciendo que no tienen derecho sobre sus propias vidas? “Eso no es amor,” nos van a decir. ¿Cómo vamos a responder?


Tercero, aunque la revocación de Roe v. Wade es un gran paso hacia adelante (para los que están de acuerdo con esa determinación), recordemos que ser “pro-vida” no se trata solamente del aborto. He hablado sobre esto en varias ocasiones, pero cabe recalcar que, si solamente estamos buscando prohibir el aborto, pero no estamos haciendo nada para solucionar los problemas que llevan a una mujer a tomar la decisión de abortar, realmente no estamos siendo pro-vida.


Digamos que mañana mismo, en Puerto Rico, se prohíbe el aborto. Esto no cambia la cantidad de mujeres que no tienen los ingresos para criar a un bebé, o las que han sido abandonadas por sus parejas y/o familias, o las que han quedado embarazadas por medio de la fornicación, la violación, el incesto, la prostitución, o por accidente. Prohibir el aborto implica que van a haber más bebés y niños en la calle, o en el sistema adoptivo, o en orfanatos sin padres o familia, etc. También implica, especialmente ahora que estamos en medio de una crisis económica, que van a haber más mujeres y familias en necesidad de comida, ropa, casa, cuido, educación. En otras palabras, si realmente se trata de la santidad de la vida, esta lucha no termina cuando el bebé nace; eso solo es el comienzo.


Ahora que hemos logrado “obligar” a las mujeres a tener estos bebés, ¿qué vamos a hacer para ayudarlas en ese proceso? ¿Qué podemos hacer? Yo me he mantenido firme en que, aunque no apoyo el aborto, no estoy de acuerdo con hacerlo ilegal. Pero, si hacerlo ilegal es la meta, entonces tenemos que hacer tantas cosas más para demostrar que realmente nos importa la santidad de la vida. Como cristianos, especialmente, tenemos que esforzarnos más por hacer más para ayudar a estas mujeres, parejas, familias, y niño/as a florecer en este mundo. Nuestra lucha no puede terminar cuando el bebé nace. Si termina ahí, hemos demostrado nuestra hipocresía, y hemos demostrado que esto no se trataba sobre la santidad de la vida, sino que hemos estado luchando por otras razones.


Cuando leo las expresiones de uno de los jueces que votaron a favor de la revocación de Roe v. Wade, y veo que ahora quiere re-evaluar los anti-conceptivos, las relaciones homosexuales, y el matrimonio entre parejas del mismo sexo (los cuales también implican una re-evaluación del derecho a casarse con personas de una “raza” distinta), me hace creer que esto nunca se trataba de la santidad de la vida.


Pero, allá ellos con sus intenciones. Lo único que yo puedo hacer es estar seguro de mis propias intenciones, y hacer todo lo posible por continuar luchando por la santidad de la vida, no solo en el vientre, sino durante todas las etapas de la vida. Tengo que hacer ver, no con palabras, sino con acciones, que realmente amo a estas mujeres que se están sintiendo atacadas, en este momento. Tengo que hacer ver que realmente me interesa su bienestar, de ellas y de sus hijo/as, y de esa manera ser un ejemplo vivo del evangelio, y no de una mera ideología política.


¿Debemos, entonces, celebrar la revocación de Roe v. Wade? En cierto sentido, sí. Es un logro real, y una victoria para la defensa de estas vidas que, por 50 años, la sociedad las ha dejado indefensa. Pero, por otro lado, debemos de reflexionar sobre nuestra motivación real detrás de nuestra celebración, debemos de ser humildes, debemos de ser empáticos, y debemos de entender que ser pro-vida no se trata solamente sobre el aborto. En fin, ahora, más que nunca, tenemos que ser ejemplos del amor de Cristo, no con palabras, sino con nuestras vidas. Que el mundo vea en nosotros, no esos cristianos fundamentalistas e hipócritas que solo quieren control sobre el cuerpo de la mujer, sino como siervos y siervas que las amamos, genuinamente, y que queremos hacer todo lo que se nos sea posible ayudarlas en este camino tan difícil. Dios nos de sabiduría.



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