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Quiero una Iglesia


Yo no quiero la gloria. Solo quiero glorificarte.

Solo quiero servirte. Solo quiero amarte.

Anhelo una Iglesia que edifique; que valore el poder de Tu Palabra.

Que no se aparte de lo que ahí dice; que no predique sus propias palabras.


El corazón del hombre es corrupto, y nuestra humanidad imperfecta nos hace pecar.

Fallamos a diario, por más que intentamos. Pero, Tu eres ligero para perdonar.

Y, por eso te doy gracias, porque sé que no lo merezco.

Te doy gracias, pues no soy perfecto.

Te doy gracias, porque, ¿quién soy yo, para ser llamado hijo del Dios eterno?


Pero, anhelo una Iglesia que cultive esperanza, fundamentada y centrada en la Verdad.

Anhelo una Iglesia que no se conforme a los caminos de este siglo, lleno de tanta maldad.

Quiero ser parte de una comunidad armoniosa. Quiero sentir el apoyo de mis hermanos en la fe.

Quiero acudir a ellos, cuando me siento caído, y recibir un abrazo mientras me pongo de pie.


Quiero reír. Quiero llorar. Quiero correr. Quiero saltar.

Quiero sentir al Espíritu Santo. Y, en Su presencia, arrodillar.

Quiero honrarte con mis palabras. Quiero honrarte con lo que hago.

Quiero honrarte cuando todos me ven. Pero, también quiero honrarte en privado.


Anhelo una Iglesia que nutra mi fe; que nutra mi mente, además del corazón.

Que entienda que el propósito de Tu sacrificio no es prosperar, sino dar salvación.

Anhelo una Iglesia que te busque, porque Tu eres digno de adorar.

Que no te busque solamente para ver cuántas bendiciones nos puedes dar.


Quiero amarte, sin pedir nada a cambio, aunque sé que ya Tu lo has entregado todo.

Quiero una Iglesia que sea transformada, y que sin acepción de personas abrace a todos.

Que abra sus puertas y salga a la calle. Que ofrezca un refugio para aquel que fue herido.

Que ofrezca palabras de vida eterna. Que le muestre el Camino al que está perdido.

Que deje de pelear por asuntos triviales. Que no deje de amar cuando alguien se va.

Que entienda que todos somos un Cuerpo. Y, que donde hay dos o tres, ahí tu estarás.


Pero, siento que nos hemos desviado del Camino.

Predicamos más psicología de lo que predicamos a Cristo.

No hablamos del pecado por miedo a ofender.

Abrimos la Biblia, pero no la logramos entender.


La interpretamos a nuestra propia conveniencia.

No creemos en milagros; creemos más en la ciencia.

Seguimos a hombres que predican esperanza con palabras bonitas.

Nos encanta la elocuencia, aunque no sepamos lo que sus palabras significan.

Mientras las digan con “poder,” respondemos, “¡Aleluya!”

Aunque no lo diga en la Biblia, las aceptamos como si fueran Tuyas.


Quiero volver al camino correcto. Quiero aprender más de Ti y Tu Verdad.

Quiero leer más la Biblia. Quiero orar más, y quiero ayunar.

Quiero ser luz en las tinieblas. Quiero ayudar al necesitado.

Quiero servir; no quiero ser servido. Quiero ser libre de mis pecados.


Anhelo una Iglesia, vestida de blanco; que en Tu sangre preciosa ha sido redimida.

Apartada para las bodas del Cordero, esperando con ansias Tu segunda venida.

Anhelo una Iglesia que, aunque no sea perfecta, no es una excusa para seguir pecando.

Y, mientras tenga las fuerzas, mientras tenga vida, mientras Tu me lo permitas, por esa Iglesia seguiré luchando.

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