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La Suerte como Sustituto a Dios


Algo de lo cual me he convencido más y más, a lo largo de los años, es que todo el mundo necesita creer en algo. Por ejemplo, todos necesitamos creer que la vida tiene algún propósito, o que el ser humano tiene valor, o que siempre hay esperanza de que las cosas van a salir bien. Aún las personas que alegan rechazar todas estas creencias viven sus vidas como si fueran ciertas. Por ejemplo, los que alegan que no existe tal cosa como una moralidad objetiva, viven sus vidas como si existiera el bien y el mal. Si realmente creyeran que no existiera una moralidad objetiva, no tendrían ningún problema con que alguien les robe de sus posesiones, o le asesine a algún ser querido, o que sean víctimas de algún discrimen, etc. Sin embargo, usualmente los que dicen rechazar una moralidad objetiva son los primeros en señalar las supuestas atrocidades cometidas por Dios en la Biblia, o por los cristianos, históricamente.


La realidad es que todos creemos en algo, y creencias como las que he mencionado, arriba, están diseñadas para darnos las fuerzas para continuar. Cuando enfrentamos algún tipo de tribulación, por ejemplo, usualmente lo que nos motiva a seguir luchando es la creencia de que todo eventualmente mejorará. Cuando nos encontramos con algún tipo de discrimen, lo que nos motiva a luchar en su contra es la creencia de que todo ser humano tiene valor, y merece ciertos derechos. Todas estas creencias producen esperanza, y es esa esperanza la que nos impulsa a ser mejores personas, a trabajar, a luchar, etc.


Sin embargo, una esperanza que no esté centrada en una realidad no es esperanza. La creencia de que “todo va a salir bien” puede darnos las fuerzas para seguir luchando, pero ¿qué tal si en realidad las cosas no van a salir bien? Si nos diéramos cuenta de que el fundamento sobre el cual está centrada nuestras creencias y nuestra esperanza en realidad no existe, ¿seguiríamos creyendo lo que creemos? ¿Mantendríamos esta esperanza? Me parece que no.


Hace unos días me topé con un video que enfrenta este problema que acabo de describir. Es un video creado y narrado por el ateo humanista, Sam Harris. El video está centrado en el concepto de la gratitud, y comienza diciendo que, actualmente, existen alrededor de un billón (mil millones) de personas en el mundo quienes considerarían sus oraciones contestadas si pudieran cambiar de lugar contigo. Es decir, existen alrededor de un billón de personas en este momento que están sufriendo de algún dolor debilitador, u opresión política, o están en duelo por la pérdida de algún ser querido. Estas personas, según Sam Harris, darían lo que fuera para tener, aunque sea un poco de la poca salud que tú tienes, o, aunque sea una o dos amistades de tus amistades, etc.

Harris continúa mencionando las cosas que estas personas quisieran tener, que tú y yo tenemos y no las apreciamos. Y, si pudieran tener estas cosas, se considerarían afortunados. El video termina con una exhortación a mirar a nuestro alrededor, y darnos cuenta de lo afortunados que somos de poder tener vida, salud, etc.


Claramente, la intención del video es decirnos que debemos de ser agradecidos por lo que tenemos, especialmente cuando consideramos a todas estas personas alrededor del mundo que darían lo que fuera por tener lo que tenemos. Es un mensaje positivo, bonito, y en muchos aspectos, cierto. El que ve este video, termina con una sensación de gratitud, y esperanza de que su vida realmente no es tan mala como pudiera ser.


Ya yo hablé en mi artículo pasado sobre la paradoja del agradecimiento, una paradoja que aplica al video que acabo de describir. Sin embargo, yo vi este video luego de haber escrito este artículo, así que en vez de hablar de lo mismo, quiero tocar otro aspecto de la paradoja, uno que es mostrado de manera muy clara en este video, específicamente con el uso de la palabra, “afortunado.”


La palabra “afortunado” realmente no expresa plenamente la palabra que estamos traduciendo, la cual Harris usó en el video. La palabra que él usó fue “lucky.” “Fortunate” es una cosa, pero “lucky” es otra, aunque ambas están relacionadas, y ambas se pueden traducir igual en el español. Cuando hablamos de ser afortunados, yo entiendo que lo que estamos queriendo decir es que somos bendecidos, de alguna manera. Pero, cuando Harris dice “lucky,” lo que está queriendo decir es que tenemos “suerte” de que tenemos lo que tenemos. El llamado de Harris en ese video, entonces, no es a simplemente estar agradecidos por lo que tenemos, sino que está afirmando que la razón por la que tenemos lo que tenemos es porque tenemos suerte. Al final del video nos dice que miremos a nuestro alrededor y nos demos cuenta de la “suerte” que tenemos, y que seamos agradecidos por esa suerte.


¿Por qué Sam Harris elige esta palabra? ¿Por qué no dice, simplemente, que seamos agradecidos por lo que tenemos, o que demos gracias por las bendiciones, etc.? La razón es sencilla: el concepto de agradecimiento, al igual que la palabra “bendición,” implica la existencia de un Dios, como expliqué en el artículo anterior. Además de ser un ateo y humanista, Harris es un filósofo. Por lo tanto, es muy intencional en el uso de las palabras. Harris busca evitar un lenguaje que implica que las cosas que tenemos se nos fueron dadas por alguien como Dios. Pero, en la ausencia de Dios, ¿a quién le estamos agradeciendo por la vida, la salud, etc.? Harris parece entender esto, pero quiere mantener la esperanza que proviene de creer en Dios, así que sustituye a Dios por la suerte, y de esta justifica su mensaje sin la necesidad de apelar a Dios.


Existen varios problemas con esto. Primero, como mencioné arriba, la esperanza que no está centrada en una realidad no es esperanza; es una mera ilusión. Está bien sentirse agradecido por la vida, pero si no reconoces a un Dios que te dio la vida, tu agradecimiento carece de sentido. ¿A quién le estás agradeciendo? Pero, el problema real con el mensaje de Harris es que no considera el otro lado de la moneda: Si la razón por la cual nosotros tenemos lo que tenemos es por suerte, esto implica que la razón por la cual los demás no tienen nada es por mala suerte (o la ausencia de suerte). Es decir, Harris está insinuando que la razón por la cual algunas personas son felices, y otras sufren, es simplemente por una cuestión de suerte.


Por “suerte” yo nací en un lugar como Puerto Rico, y no es un lugar como Irán en donde tengo que temer por mi vida a diario. Por “suerte” yo tengo acceso a un doctor que me ayude a mantener mi salud, y no en un lugar sin acceso a medicina en donde tengo que beber agua contaminada, vivir rodeado de basura, etc. Esto me parece un tanto insensible ante el sufrimiento de las personas. Cuando alguien viene donde mí, sufriendo por la muerte de un ser querido, no le voy a mirar en la cara y decirle, “solo estás teniendo un poco de mala suerte,” o “qué mala suerte tuviste. Quizás mañana tenga más suerte.” Y, esto me lleva al tercer problema, el cual considero el peor de todos: El mensaje de Harris implica que, aunque hoy tengo la suerte de tener salud, familia, vida, etc., es posible que mañana no la tenga.


Si la vida es un mero asunto de suerte, ¿cómo yo puedo tener la esperanza de que mañana voy a estar bien? Bajo esta perspectiva, ¿por qué yo voy a defender los derechos humanos de otras personas? ¿No es mejor decir, simplemente, que la razón por la cual ellos están siendo oprimidos y enfrentando discrimen es porque no tuvieron suerte? Cuando un niño es violado, ¿solo fue mala suerte? Cuando vivo en un país con un gobierno corrupto, ¿solo es mala suerte? Y, si la respuesta es “si,” ¿qué razón tengo en luchar en contra de estas injusticias? ¿Qué esperanza tengo de que la vida tiene valor, o que vale la pena luchar, o que un día mi “suerte” va a mejorar?


Me parece que la implicación de las palabras de Harris es que vivimos en un mundo de caos en donde, en cualquier momento, puedes tener un poco de suerte o mala suerte, y no hay nada que puedas hacer para cambiar eso. Y, en tal mundo, ¿qué razón tengo para ser agradecido? ¿A quién le estoy agradeciendo? ¿A la suerte? ¿La misma suerte que hizo perder mi trabajo, me dio ansiedad, me dio cáncer, mató a mi esposa, etc.? De verdad que esto es una posición completamente absurda, pero es necesaria para alguien que rechaza a Dios.


La persona que rechaza a Dios no deja de vivir su vida como si Dios existiera. La mayoría siguen teniendo esperanza, siguen afirmando que la vida tiene valor y propósito, siguen sintiendo gratitud, siguen afirmando el bien y el mal, etc. ¿Cómo lo hacen? Sustituyendo a Dios por alguna otra cosa. En este caso, el “dios” de Sam Harris es la suerte. Harris le atribuye todas sus bendiciones a la suerte, sin detenerse a pensar en las implicaciones de esto. Y, el que no se detiene a pensarlo mucho, ve ese video, escucha esas palabras, y concluye, “Es verdad. Soy afortunado por mi vida.” Nuevamente, esto es algo bueno y positivo, pero está fundamentado en una mentira. Y, el día en que se dé cuenta de la mentira, su esperanza se derrumbará.


El caso de Sam Harris nos demuestra, primeramente, que todos necesitamos creer en algo. Segundo, que el que rechaza a Dios termina sustituyéndole por otras cosas. Tercero, que estas cosas son inferiores a Dios, y resultan en creencias y esperanzas falsas. Y, cuarto, que fuera de Dios, no existe esperanza real; solo existe la ilusión de la esperanza. Para algunos, esta ilusión es suficiente. Pero, para el que le importe la verdad, y no quiera vivir una mentira simplemente porque se siente bien, esta ilusión tiene que ser rechazada.

En Dios sí existe esperanza. Fuimos creados en Su imagen y semejanza, lo cual explica el por qué la vida y el ser humano tiene valor. Ese valor explica el por qué tenemos ciertos derechos, y el por qué es bueno luchar por ellos. Los mandatos de Dios también explican el por qué debemos hacer o evitar ciertas cosas. La naturaleza perfecta de Dios explica de dónde sale el bien y el mal (lo bueno es aquello que se asemeje a Dios, y lo malo es aquello que se opone a Dios). El pecado explica el por qué sufrimos. Pero, en Cristo tenemos la seguridad de que el sufrimiento tendrá su fin, y nos espera vida eterna en el paraíso. Todo esto, y mucho más, es lo que podemos encontrar en Dios, y que no podemos encontrar en nada ni nadie más. La suerte no es un buen sustituto.


En fin, creamos en Dios, no en la suerte. En Él está la verdadera esperanza.

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