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Encontrando Paz en Medio de la Tormenta


“Mira al cielo.” Este fue uno de los últimos consejos de parte de mi primer mentor, líder, y en cierto sentido padre espiritual, Abner García, antes de que se fuera, permanentemente, de la iglesia local en donde ambos asistíamos. Nos contó la historia verdadera de una persona que, en medio de un gran temblor, no encontraba como mantenerse de pie. Todo a su alrededor se movía, impidiendo que consiguiera balance, y mientras buscaba desesperadamente no caerse, miró a su alrededor y sintió que era el fin del mundo. En medio de un gran evento como este, el mundo a nuestro alrededor literalmente parece estar derrumbándose a plena vista. Y, ver tal cosa inevitablemente nos puede llenar de terror.

Eventualmente, esta persona logró salir al patio de su casa, en donde no había nada a su alrededor que le podía caer encima, y comenzó a mirar al cielo. Se fijó que esta era la única manera en que podía encontrar balance. Mientras todo a su alrededor se movía, se caía, y el mundo parecía estar acabándose, el cielo permanecía estable, precioso, y le dio un sentido de paz. Luego de esta historia, Abner citó varios pasajes bíblicos en donde nos presenta la imagen de Dios en las alturas, montañas, o los cielos (Salmo 113:4-6, por ejemplo). Nos dijo que, mirar al cielo, en tiempos bíblicos, era el equivalente de buscar de Dios. De hecho, uno de los nombres de Dios, en la Biblia, es “Elohim” o “Elyon” significa “Dios Altísimo.” Incluso, este es el primer nombre con el cual Dios es mencionado en la Biblia (Gén. 1:1, en el hebreo dice “Elohim,” en lugar de “Dios”), y usualmente es el nombre que se usa cuando se describe la relación entre Dios y Su Creación.

En palabras sencillas, Abner nos estaba preparando para el momento en el que él ya no estuviera. Sabía que, para muchos, su partida iba a ser difícil, y no íbamos a saber qué hacer. Yo era una de esas personas. Por la primera vez, me encontré sin consejero, sin líder, sin alguien a quien acudir cuando necesitaba ayuda. Me sentí solo, y no sabía qué hacer. Pero, en el momento de su mensaje, yo no capté que esto era lo que Abner nos estaba diciendo. No fue hasta tiempo después, cuando ciertos eventos ocurrieron en la iglesia, con los cuales yo no sabía lidiar, y me di cuenta que, por primera vez en la iglesia, iba a tener que encontrar la manera de resolver la situación, solo, que me di cuenta del significado de sus palabras. Sencillamente, Abner se estaba despidiendo de nosotros, y nos estaba diciendo que, aunque la situación es difícil, y aunque uno sienta temor, confusión, o incertidumbre, si ponemos nuestra mirada en Dios, aunque el mundo parezca estar cayéndose, encontraremos estabilidad; encontraremos paz.

Gracias, Abner.


Ahora, mientras escribo esto, las últimas horas y semanas han sido increíblemente tensas. El mundo parece estar a punto de una guerra mundial, centrada en un conflicto principalmente entre dos países, Rusia y Ucrania, en una situación que no fingiré entender, del todo. Hace dos o tres horas, Rusia oficialmente comenzó su invasión de Ucrania, y andamos esperando la respuesta de los Estados Unidos, y el resto del mundo. Inmediatamente, vemos cómo la economía se ve afectada, y como dueño de negocio, y alguien que vive en una isla que depende de la importación externa para sobrevivir, esto es sumamente preocupante. A esto le añadimos todo lo que hemos vivido, como país, en los últimos 4-5 años, la inestabilidad social, gubernamental, económica, y religiosa; huracanes, problemas con la energía eléctrica, pandemia, pésima educación, etc., y verdaderamente el mundo parece estar cayéndose, a nuestro alrededor.


Y, en medio de todas estas circunstancias, además de tensión, temor, e incertidumbre, uno se llena de un sentido de impotencia. No podemos hacer nada, real, para cambiar esta situación, evitar tanta inestabilidad, y proteger a todas estas vidas que están a punto de ser matadas en medio de este conflicto. No tenemos control sobre cómo estas situaciones afectarán nuestro futuro, inmediato y lejano. Ya estamos en un punto en donde cualquier situación que ocurra en el mundo, o nuestro país, es suficiente como para llenarnos de miedo, frustración, y pensar que este es el fin.


No nos sorprendamos, ahora, con la cantidad de personas que comenzarán a usar la Palabra para advertir sobre el fin del mundo. La realidad es que es muy fácil hacer esa correlación. Por otro lado, escucharemos a las personas citar las palabras famosas de Jesús, hablando del fin del mundo, cuando nos dice, “Ustedes oirán de guerras y de rumores de guerras, pero procuren no alarmarse...no será todavía el fin” (Mateo 24:6, NVI). La verdad es que ambos grupos tienen razón, y ambos grupos están errados. Si muy bien es cierto que todo esto son señales del fin, también es cierto que, “En cuanto al día y la hora, nadie lo sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mateo 24:36).


Es increíblemente difícil leer las palabras de Jesús sobre el fin, y no asociar nuestras circunstancias actuales con este gran evento. En Lucas 21, el pasaje paralelo a Mateo 24, Jesús nos habla de guerras, revoluciones, naciones contra naciones, terremotos, hambre, epidemias, y grandes eventos naturales que ocurrirán antes del fin. Cuando analizamos los últimos años en Puerto Rico, es demasiado difícil no comenzar a conectar las cosas. En estos últimos años hemos tenido temblores, pandemias y epidemias, y revoluciones. Y, en el mundo estamos viendo naciones contra naciones, guerra y rumores de guerra, y diferentes desastres naturales de gran magnitud. ¡Por supuesto que nos vamos a asustar! Pero, por otro lado, nada de esto es nuevo. No es la primera vez que ocurre una guerra, y a esta escala (recordemos las dos guerras mundiales). No es la primera vez que ha ocurrido pandemias o epidemias, ni temblores, ni revoluciones, etc.


Por lo tanto, tomando todo esto en cuenta, es claro que lo que Jesús está describiendo es una serie de eventos de una magnitud jamás antes vista, todo ocurriendo simultáneamente (o cerca, un evento del otro), y no está describiendo el tipo de evento que hemos estado viendo casi desde el principio de la existencia de la humanidad. Por otro lado, un elemento clave que Jesús menciona en estos relatos es la persecución extrema de los cristianos, lo cual también ha ocurrido en el pasado, pero en esta parte del mundo nunca hemos vivido. Hay otros elementos que faltan por cumplirse, pero mi punto de todo esto no es determinar, bíblicamente, si estos eventos son señales del fin, o no. El punto de toda esta discusión es decir que, sencillamente, no sabemos, y no es nuestro lugar saberlo.


Pero, hay una parte de Lucas 21 que me llamó mucho la atención. Luego de describir esta serie de eventos desastrosos, como parte de las señales del fin, Jesús nos aconseja y nos dice, “Cuando comiencen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza, por se acerca su redención” (Lucas 21:28).


Esto es un elemento sobre los tiempos finales que muchos cristianos se les olvida mencionar. La Gran Tribulación, o los tiempos finales, aunque humanamente hablando son desastrosos, caos, y llenos de muchas cosas malas que nos llenan de mucho temor y desesperación, para el cristiano este tiempo no debería de ser un tiempo de temor y desesperación. El libro de apocalipsis, por ejemplo, aunque está lleno de horrores e imágenes impactantes, en realidad es un libro de esperanza, ya que nos relata todo lo que ocurrirá como señal de nuestra redención. Para este mundo, son señales del fin. Pero, para el cristiano, son señales de un nuevo comienzo, una nueva vida eterna en la presencia de nuestro Dios, libre de todo dolor, sufrimiento, muerte, o enfermedad, por el resto de la eternidad (Apocalipsis 21:4).


Por esta razón yo encuentro las palabras de Jesús en Lucas tan impactantes, preciosas, y alentadoras. Fíjense que nos está diciendo que, cuando todas estas cosas ocurran, y muchos se “desmayarán de terror” (Lucas 21:26), y el mundo se esté derrumbando, literalmente, debemos de cobrar ánimo y levantar la cabeza. ¿Por qué? El verso anterior nos da la respuesta: “Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con poder y gran gloria.”


En medio de tanto caos, Jesús nos está aconsejando que miremos al cielo. En otras palabras, que pongamos nuestra mirada, no en el caos del mundo, sino en Dios. Allí encontraremos paz. Allí encontraremos esperanza. Allí encontraremos por lo menos un poco de estabilidad, en medio de una vida que lo hace tan difícil mantenernos de pie. Y, en este caso, Jesús nos está hablando literalmente, ya que nos está describiendo Su segunda venida, literal. En ese momento, podremos literalmente alzar nuestra mirada, y ver la llega de nuestro Redentor. Pero, creo que la increíble semejanza entre este capítulo y las circunstancias de nuestras vidas no es casualidad. Por lo tanto, creo que las palabras de Jesús tienen una aplicación práctica, también, además de describir un momento futuro, real.


Cuando yo leo estas palabras, tomando en cuenta todo lo que la Biblia nos dice sobre las alturas (Dios Altísimo, por ejemplo), no puedo evitar encontrar una aplicación para mi vida diaria. En esta vida, además de las situaciones de gran magnitud como las que estamos viviendo, como país, cada uno de nosotros pasamos por circunstancias que nos llenan de temor, desesperación, etc. Y, en medio de esas circunstancias, creo que las palabras de Jesús tienen mucha validez: Cobremos ánimo, levantemos nuestra cabeza, y pongamos nuestra mirada en Dios. En Él encontramos estabilidad, mientras el mundo se derrumba. En Él encontramos aliento, en momentos de desesperación. En Él encontramos paz, en medio de cualquier tormenta.

Pero, ¿qué quiere decir esto? ¿Qué significa poner nuestra mirada en Dios? Significa recordar, creer, y aferrarnos a Sus promesas. Significa confiar en Su amor y Su fidelidad. Significa entender que Él es soberano, y por lo tanto siempre tiene el control, aún cuando no lo parece. Es darnos cuenta de que Su voluntad es perfecta, y por lo tanto Su propósito se cumplirá en medio de toda circunstancia. Es saber que siempre está obrando, aún en medio del caos. En fin, es encontrar seguridad en el hecho de que todo obrará para bien.


En medio de todas estas circunstancias, es muy fácil desviar nuestra mirada hacia los conflictos del mundo, los problemas del país, y nuestras circunstancias particulares. Pero, en medio de todo esto, te exhorto, pon tu mirada en Dios, y Él te dará paz.


Como nos dice el salmista: “A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del SEÑOR, creador del cielo y de la tierra” (Salmo 121:1-2).

Que así sea.

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