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Celebrando la Muerte

Actualizado: 23 jun 2023


Ya yo he contado esta historia en el pasado, pero vale la pena repetirla ya que hace muy claro el mensaje de este escrito. En el 2001, fueron los ataques a las Torres Gemelas en New York. Diez años más tarde, capturaron y mataron al principal culpable, Osama bin Laden. De la misma forma en la que recuerdo las reacciones de horror, tristeza, y shock del 2001, recuerdo las celebraciones de alegría del 2011. Y, yo fui partícipe de ambas sensaciones.


Pero, en las celebraciones de 2011, recuerdo entrar en la realización de que lo que yo estaba haciendo no estaba bien. Yo, al igual que el mundo entero, estaba celebrando la muerte de Osama, pensando cosas como, “¡Al fin, lo mataron! Se hizo justicia.” Y, mientras pensaba esto, de repente entro en la realización de que yo estaba celebrando la muerte de un ser humano. Claro, no es cualquier ser humano; fue uno de los peores seres humanos en la historia, culpable por la muerte de miles de personas, no solo en los ataques del 2001, sino en general. Por tal razón, entiendo el instinto de celebrar su muerte. Pero, al final de todo, seguía siendo una celebración de la muerte, y cuando me di cuenta de eso, no me sentí bien.


Dios nos dice en el libro de Ezequiel, “Tan cierto como que yo vivo, afirma el Señor y Dios, no me alegro con la muerte del malvado, sino con que se convierta de su mala conducta y viva” (Ez. 33:11; NVI). Si entendemos que la muerte es el resultado del pecado, y que Dios quiere que todos creamos en Él y seamos salvos (1 Tim. 2:4), podemos entender el por qué la muerte no es algo que debemos de celebrar. Según el pasaje de Ezequiel, Dios no celebra ni tan siquiera la muerte del malvado. Quiere decir, entonces, que Dios no celebró la muerte de Osama bin Laden. El hecho de que nosotros, sí, demuestra que nos falta mucho por aprender sobre el amor.


La muerte de Osama bin Laden es evidencia de que vivimos en un mundo caído. Sólo en un mundo pecaminoso podemos encontrarnos con alguien tan malvado como para hacer lo que ese hombre hizo. Y, sólo en un mundo caído puede existir tanta maldad, a tal punto de que la muerte se ve como algo bueno. Su muerte también pone fin a la posibilidad de su redención, muriendo apartado de Dios y, por lo tanto, muy probablemente condenado al infierno por el resto de la eternidad. Nada de esto se escucha bonito ni positivo, y por lo tanto nada de esto es digno de celebración.


Menciono todo esto como una introducción a lo que estoy sintiendo en este momento. Como todos saben, esta semana ocurrió una tragedia en la que un submarino creado para llevar a las personas a los restos del Titanic, desapareció con 5 personas a bordo. Hoy se confirma lo que todos esperaban, que muy probablemente implosionó y todos murieron al instante. Pero, antes de hoy, existía la esperanza (pequeña) de que aún estaban vivos, atrapados en el submarino, desesperadamente esperando ser rescatados. Lamentablemente, nunca había esperanza de su rescate, aún si hubieran estado vivos, por razones que no son necesarias explicar, aquí.


Desde el primer día que salió la noticia de este submarino, he notado un patrón en las redes. Día tras día, vi personas en esencia celebrando o riéndose de esta tragedia, usándola para hacer críticas sociales que aluden a que los ricos son malvados, y los pobres sabemos apreciar la vida. ¿La razón por esta celebración? El viaje por submarino costaba alrededor de $250,000 por pasajero, lo cual implica que los que murieron eran personas millonarias.


Hoy vi un video en la que una muchacha hizo una canción sobre el submarino, diciendo cosas como, “En el fondo del mar hay un millón de dólares, pero seguramente lo cambiarían por un poco de oxígeno al instante.” ¡Qué horrible! Me estuvo tan de mal gusto que tuve que comentar. En mi comentario expliqué que la riqueza es relativa. Una persona deambulando por las calles sin dinero ni hogar, seguramente diría que yo soy un rico que malgasta el dinero si se entera que compré un videojuego que cuesta $70. La misma crítica que ese deambulante me puede hacer a mí, nosotros se la hacemos a los millonarios. “Pero, comprar un juego no es arriesgar mi vida innecesariamente. Eso solo lo hacen los ricos que se creen invencibles.” Eso es completamente falso. ¿Acaso nunca te has montado en un carro, o en un avión? ¿Acaso a las personas no les gusta la adrenalina y buscan tener experiencias como el paracaidismo, o montarse en una montaña rusa, o el buceo, etc.?


Es muy fácil señalar a estas personas desde la comodidad de mi celular simplemente por ser ricas, y buscar tener esa experiencia. Pero, si esta tragedia nunca hubiera ocurrido, la mayoría de nosotros brincaríamos a la oportunidad de ver algo como el Titanic, de tener el dinero para hacerlo.


Pero, la verdad es que nada de esto es relevante. No importa si yo tengo la razón en esto, o no. No importa si no estás de acuerdo con lo que acabo de decir. Nada de esto importa, ¿saben por qué? Porque 5 personas murieron. Repito: 5 personas murieron, y eso nunca debe de ser causa de celebración.


No estoy diciendo que no existen lecciones que podemos aprender de esta situación. Tampoco digo que estas 5 personas fueron inocentes, o buenos ciudadanos, etc. Pero, 5 personas murieron, y desde el primer día estamos enfocados en temas como el materialismo, a tal punto de que no nos importa que 5 personas murieron. “A mí me importa, pero...” Quita el “pero.” Una vez dices eso, ya estás brincando a otro tema que no es la muerte de estas 5 personas. ¿No podemos tener ni un solo día para sentir tristeza por la muerte de estas personas?


¿Por qué, cuando ocurre algo como esto, nos sentimos tan superiores a los demás? No me tiene sentido.


Este mensaje no va dirigido a todo el mundo. Principalmente, va dirigido a estas personas que desde el primer día que salió la noticia, se han estado burlando de la situación, compartiendo "memes" y chistes sobre ella, y/o criticando a las 5 víctimas por ser millonarias (como quien dice, "ellos se lo merecen. Nadie los manda gastar el dinero de esa manera).


A estas personas les recuerdo el pasaje de Ezequiel: ni Dios mismo celebra la muerte de un malvado. Creo que, como sociedad, se nos ha ido desapareciendo la empatía. Creo que cada día se nos está haciendo más difícil sentir tristeza cuando escuchamos sobre alguna tragedia. Y, creo que hemos ido perdiendo la apreciación por el valor de la vida.


Espero que estas 5 personas puedan descansar en paz, y que sus familias puedan recibir consuelo.

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