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¿Realmente Jesús Resucitó?


Ayer escribí un blog sobre la importancia de la Resurrección, basado en 1 Corintios 15. Sugiero que lo lean en conjunto con este, pero no es necesario para entender el tema de hoy. Luego de que lo publicara me di cuenta que el mensaje no tiene ninguna validez si, al final de todo, Jesús en realidad no resucitó. De hecho, ese es el punto de Pablo (v. 14). Así, que, decidí sacar un momento para intentar resumir lo que se conoce como “el argumento histórico para la resurrección de Cristo.”


La pregunta que busco contestar, aquí, es, ¿qué razones tenemos para creer que Jesús realmente resucitó? Es decir, ¿existe alguna evidencia de la Resurrección? Aclaro que, para el cristiano, la evidencia no es necesaria. Nosotros creemos en la Resurrección por fe, y validamos su verdad diariamente en nuestras vidas. La fe no está centrada en la evidencia, pero esto no quiere decir que no existe evidencia, o que, para algunos, la evidencia no sea necesaria. El siguiente escrito, entonces, está dirigido a despertar un poco de interés en el tema, ya que es algo en el cual muy pocos de nosotros pensamos. Sin embargo, en el mundo académico, es un tema de gran debate.


Antes de comenzar con la evidencia, necesitamos preguntarnos, en general, ¿cómo se demuestra la verdad de algún hecho histórico? Existen diferentes formas, como hallazgos arqueológicos, pero de las más comunes es por medio de la documentación. En otras palabras, los historiadores buscan fuentes independientes de ciertos eventos, preferiblemente fuentes primarias, y luego aplican ciertos criterios a esas fuentes para determinar su fiabilidad. En base de estas fuentes, se comienza a crear un modelo del pasado, el cual tiene la capacidad de explicar la evidencia, y se escoge el modelo que mejor explique esta evidencia con la menor cantidad de problemas. Al final del día, el estudio del pasado no se puede hacer con certeza, sino que todo se trata de probabilidad. ¿Cuán probable es un evento, dado la evidencia histórica? Eso es lo que los historiadores buscan determinar.


(toda la información que estaré proveyendo, aquí, está basada en los libros y debates de Dr. Gary Habermas, Michael Licona, y Bart Ehrman. Por tal razón, no estaré proveyendo enlaces en este blog, pero cada uno tiene sus respectivas páginas de internet, en el cual pueden verificar todo lo que estaré mencionando. Cabe notar que Habermas y Licona son cristianos, pero son expertos en la historia del nuevo testamento, y Ehrman es agnóstico, pero es considerado el mayor experto en el nuevo testamento en la actualidad.)


El método que estaré usando aquí, entonces, no es algo que yo me inventé con la intención de defender la resurrección de Cristo. Más bien, este es el método que los historiadores regularmente usan para reconstruir el pasado, de manera general. El argumento histórico para la Resurrección usualmente comienza de la siguiente manera: Primero, se establecen ciertos hechos históricos con el cual casi todo historiador está de acuerdo (especialmente historiadores no-cristianos). Luego, se proponen ciertas hipótesis para intentar explicar estos hechos, y finalmente se concluye que la mejor explicación para los hechos es la Resurrección. Los hechos que usualmente se usan son, 1) Jesús existió; 2) Jesús murió crucificado; 3) Jesús fue enterrado en la tumba de José de Arimatea; 4) A los tres días de Su muerte, la tumba fue hallada vacía; 5) Los discípulos, y otras personas, testificaron haber visto a Jesús vivo, luego de Su muerte; 6) Los discípulos fueron transformados.

Esta lista puede variar, dependiendo de la persona que está ofreciendo el argumento. Por ejemplo, algunos omiten la tumba vacía, y otros añaden a la lista la conversión de Pablo y/o Jacobo, hermano de Jesús. Pero, en general, estos son los hechos que la gran mayoría (más de 95%) de los historiadores críticos (no-creyentes) aceptan como verdad. Cabe notar que no es un mero hecho de consenso, sino que estos historiadores estudiaron la evidencia, y llegaron a la conclusión de que estos 6 puntos son hechos históricos. Por ejemplo, Bart Ehrman ha dicho que la crucifixión de Jesús es el evento más atestado (demostrado, históricamente) de la historia antigua. Negar la existencia de Jesús o Su crucifixión sería mostrar completa ignorancia sobre la historia.


Cada uno de estos hechos es confirmado por fuentes independientes, dentro y fuera de la Biblia, y pasa por los criterios que usualmente se usan para verificar eventos históricos. En palabras sencillas, la evidencia para estos hechos es tan fuerte que, sencillamente, sabemos que verdaderamente ocurrieron.


Por ejemplo, sabemos que Jesús existió porque es mencionado en diversas fuentes independientes, dentro y fuera de la Biblia. Una de las preguntas más comunes sobre la existencia de Jesús es, “Si Jesús realmente existió e hizo todas estas cosas, ¿por qué mas nadie, fuera de la Biblia, escribió sobre Él?” Esta pregunta ignora el hecho de que la Biblia fue compuesta por diversas fuentes independientes, y por testigos primarios y secundarios, los cuales tienen más valor que algo escrito por algún historiador. Pero, la realidad es que también tenemos escritos por varios historiadores contemporáneos que mencionan a Jesús (Josefo y Tácito, por ejemplo), e incluyen todos los detalles más importantes sobre la vida de Jesús (fue maestro, tenía discípulos, era conocido como un hacedor de milagros, etc.). Esto es solo una razón por la cual Su existencia es un hecho histórico.


Similarmente, sabemos que Jesús murió crucificado porque también es mencionado en diversas fuentes independientes, dentro y fuera de la Biblia, y porque la Biblia incluye detalles sobre Su muerte que no pudieron haber sido inventados. Por ejemplo, Lucas 22:44 nos dice que, la noche antes de ser entregado, Jesús estuvo “sudando” gotas de sangre. Esto es una condición médica, producto de niveles de estrés extremos, los cuales provocan la ruptura de los vasos sanguíneos, haciéndolo parecer que estás sudando sangre. Esto es una condición tan rara que solo existen alrededor de cinco casos en la historia de los récords médicos. Por tal razón, esto no es un detalle que el autor de Lucas pudo haber inventado, sino que es el resultado de testigos oculares. Más abajo menciono otro detalle médico que no se pudo haber inventado, pero el punto es que los detalles relacionados a la muerte de Jesús mencionados en la Biblia nos confirman que Jesús murió por crucifixión.


Sabemos que Jesús fue enterrado en la tumba de José de Arimatea porque, además de ser mencionado por fuentes independientes, es un detalle vergonzoso que no se hubiera mencionado, a menos que fuera verdad. José de Arimatea era rico (Mateo 27:57), lo cual es vergonzoso porque Jesús era conocido por juntarse con los pobres y predicar en contra de la riqueza, y era miembro del sanedrín (Marcos 15:43), lo cual es vergonzoso porque el sanedrín fueron los que condenaron a Jesús a morir. Decir que Jesús fue enterrado en la tumba de un rico, miembro del concilio que condenó a Jesús, es poner en vergüenza a los seguidores de Jesús (ya que exalta a los enemigos de Jesús), y contradecir, un poco, una de las enseñanzas de Jesús sobre la riqueza. Por tal razón, estos detalles no hubieran sido mencionados, a menos que realmente hayan ocurrido.


La tumba vacía, además de ser mencionada por fuentes independientes, es confirmada por el hecho de que los evangelios mencionan que los primeros testigos de la tumba vacía fueron mujeres (Lucas 24:1; Mateo 28:1; Marcos 16:1; Juan 20:1). Esto es importante porque, en el primer siglo, el testimonio (legal) de las mujeres usualmente no era aceptado como válido, y en general las mujeres no eran consideradas fuentes confiables. Por lo tanto, si alguien está inventando una historia sobre la Resurrección en el primer siglo, lo correcto hubiera sido decir que los hombres fueron los que descubrieron la tumba vacía. El decir que fueron mujeres, sabiendo que esto le resta credibilidad a la historia, es un detalle vergonzoso que no hubieran incluido, a menos que realmente haya ocurrido. Además de esto, sabemos que la tumba estaba vacía porque, de lo contrario, los enemigos de Jesús pudieron haber refutado el evangelio inmediatamente, yendo a la tumba y mostrando Su cuerpo. De esta manera, el evangelio hubiera muerte en el primer siglo, y nunca hubiera llegado a nosotros, hoy. El hecho de que nadie hizo esto demuestra que se sabía que la tumba estaba vacía.


Los últimos dos detalles (apariciones y transformación de los discípulos), además de ser confirmados por fuentes independientes, los sabemos porque literalmente tenemos sus testimonios en la Biblia. El nuevo testamento fue escrito por personas que creyeron haber visto a Jesús resucitado, y en el caso de algunos de ellos, sabemos que no eran creyentes, antes de tener esas experiencias que interpretaron como Jesús resucitado. Dos de los mejores ejemplos de esto es el testimonio de Pablo, y la conversión de Jacobo, ya que ambos eran no-creyentes antes de las apariciones de Jesús. Los discípulos pasaron de huir de Jesús por miedo a ser crucificados, a estar dispuestos a ser perseguidos por predicar el evangelio, en tan solo tres días. Pedro, por ejemplo, niega a Jesús tres veces por miedo a ser arrestado (Lucas 22:54-62), y luego lo encontramos celebrando la persecución en el nombre de Cristo (Hechos 5:42). Esto es evidencia de que claramente vieron algo, lo cual ellos interpretaron como la resurrección de Cristo, y este evento los cambió para siempre.


Para más información sobre la evidencia que sustenta cada uno de estos puntos, les sugiero el libro, “The Resurrection of Jesus: A New Historiographical Approach,” por Michael Licona, el cual contiene sobre 700 páginas de información, y cientos de citas y referencias.


Una vez se establecen estos hechos, los historiadores comienzan a buscar explicaciones. Por ejemplo, quizás Jesús sobrevivió Su crucifixión. Eso explicaría la tumba vacía y las apariciones. El problema con esto es que sabemos que Jesús murió. Además de que los romanos eran expertos en la crucifixión, el relato bíblico nos da ciertos detalles que nos confirman Su muerte. Por ejemplo, Juan nos dice que, luego de haber muerto, “uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua” (Juan 19:34). Según los expertos médicos, esto es evidencia de muerte por asfixio, el cual provoca la acumulación de un líquido transparente alrededor del pericardio (donde está el corazón), y al ser traspasado, el cuerpo bota este líquido, junto con la sangre. En palabras sencillas, si Jesús no hubiera estado muerto antes de ser traspasado, el “agua” y la sangre demuestra que la lanza traspasó Su pulmón, y llegó a Su corazón, lo cual aseguró Su muerte.


Otra posible explicación es que Jesús tenía un gemelo. Uno de los dos fue crucificado y enterrado, y el otro se le apareció a los tres días a los discípulos, llevándolos a creer que Jesús había resucitado. El problema con esto, además de que no tenemos ninguna evidencia de que Jesús tenía un gemelo, es que esto no explicaría la tumba vacía, ni la naturaleza de las apariciones. Por ejemplo, cuando Jesús se le aparece a Tomás, le muestra las marcas de la cruz (Juan 20:26-27). Esto sería imposible si el que fue crucificado había sido Su gemelo, y no Él.


Otra posible explicación es que los discípulos tuvieron alucinaciones, las cuales les llevaron a creer que Jesús había resucitado. Según estas personas, los discípulos estaban tan atribulados por la muerte de Su maestro que no se encontraban en un buen estado de salud mental. Este estado de salud mental y emocional decaída, junto con la memoria de que Jesús había dicho que iba a resucitar, provocó que ellos comenzaran a tener alucinaciones de Jesús, y aquí nace la historia de la Resurrección. El problema con esto es que el récord bíblico nos cuenta que Jesús se les apareció a grupos de personas, además de los discípulos (1 Corintios 15:6), y algunos de estos no eran creyentes (Pablo). La alucinación podría explicar las apariciones a los discípulos, pero no explicaría la aparición a Pablo, quien era un perseguidor de cristianos. No solo esto, no existe evidencia alguna de que las alucinaciones puedan ocurrir en grupo. No pude encontrar la cita, pero recientemente se hizo un estudio de todos los casos de alucinación que se han registrado en documentos médicos, y no se encontró un solo ejemplo de alucinación en grupo. Las alucinaciones en grupo sería el equivalente de dos o más personas teniendo el mismo sueño, a la misma vez. Simplemente, no es posible. Pero, aún si concedemos la posibilidad de las alucinaciones grupales, esto no explicaría la tumba vacía. Si tan solo fue una alucinación, ¿dónde está el cuerpo de Cristo?


Otra alternativa es que, sencillamente, los discípulos y los autores de la Biblia mintieron. Nadie vio a Cristo luego de Su muerte. Quizás Jesús ni tan siquiera existió. Quizás nada de lo que leemos en la Biblia, realmente ocurrió. El problema con esto es que, como mencioné arribe, la evidencia histórica demuestra que estos eventos ocurrieron. No podemos intentar explicar un evento del pasado, negando que tal evento haya ocurrido. Pero, más allá de eso, si tan solo fue una mentira, ¿por qué los creadores de esta mentira estuvieron dispuestos a ser perseguidos, encarcelados, torturados, y hasta morir por el evangelio? Una persona podría estar dispuesta a morir por algo que resulte ser falso, pero ninguna persona va a estar dispuesta a morir por algo que sabe que es falso. La perseverancia en medio de la persecución de los primeros cristianos, comenzando por los discípulos y Pablo, demuestra que, como mínimo, ellos creyeron haber visto a Jesús resucitado.


Ninguna alternativa naturalista logra explicar todos los hechos históricos que rodean la vida y muerte de Jesús...excepto la Resurrección. Si Jesús realmente resucitó, esto explicaría cómo un hombre que fue crucificado y enterrado en una tumba, puedo haberse aparecido a cientos de personas, luego de Su muerte. La Resurrección también explica el por qué la tumba estaba vacía, y explica la gran transformación de los discípulos, de Jacobo, y de Pablo. La Resurrección, entonces, es la hipótesis que mejor explica la evidencia, y en la ausencia de alguna alternativa, lo correcto es concluir que Jesús realmente resucitó. La única razón para negar esta posibilidad sería un prejuicio en contra de lo sobrenatural. Pero, ya esto sería un prejuicio personal, y no sería una conclusión racional, basada en la evidencia.

Pero, yo quisiera ofrecer otra manera de explicar el argumento histórico. Mientras veía un debate, en estos días, sobre este mismo tema, me di cuenta que un gran problema que algunos tienen con la Resurrección es que, según ellos, ninguna cantidad de evidencia histórica puede demostrar la realidad de un milagro. Por lo tanto, aunque la Resurrección logra explicar la evidencia, y aunque no tenemos mejores explicaciones, no podemos concluir que la Resurrección realmente ocurrió.


Esto me hizo pensar en la relación entre los milagros y la historia. ¿Realmente necesitamos demostrar que ocurrió un milagro para concluir que la Resurrección ocurrió? Yo diría que no, por las razones que expliqué, arriba (lo del prejuicio). Pero, de ser esto un problema, ¿qué tal si lo intentamos ver de otra manera? Quizás no es correcto analizar la evidencia, y luego proponer una explicación sobrenatural. Quizás la relación entre la evidencia y el milagro no es de causa y efecto, o hecho y conclusión. Quizás la relación sea una de mera armonía. Es decir, ¿la evidencia armoniza con la afirmación? De ser así, la afirmación es sustentada por la evidencia. Me explico.


Si yo digo que el Universo es eterno, podemos observar la evidencia científica y filosófica y demostrar si tal afirmación armoniza con la evidencia. Cuando hacemos eso, vemos que la evidencia apunta a que el Universo comenzó a existir (el Big Bang), y vemos que, filosóficamente, es imposible que el Universo sea infinito hacia el pasado. Yo puedo seguir creyendo que el Universo es eterno, y quizás algún día se encuentre otra evidencia que demuestre que esto sea cierto. Pero, en este momento, mi afirmación no armoniza con la evidencia, y por tal razón podemos decir que la evidencia contradice mi afirmación.

Con este ejemplo en mente, podríamos preguntarnos, ¿qué tipo de evidencia se esperaría ver, si el Universo realmente fuera eterno? Luego, se analiza la evidencia que tenemos, y si no es el tipo de evidencia que esperaríamos, se rechaza la hipótesis de que el Universo es eterno. Esta es la manera en que la ciencia funciona, de hecho. Cualquier hipótesis debería de tener potencial predictivo. Si no puede predecir nada, usualmente se rechaza la hipótesis. Vemos, entonces, que no se trata solamente de buscar evidencia e interpretarla, sino que se busca evidencia que armonice o sustente ciertas hipótesis, y en torno las hipótesis son aceptadas o rechazadas.


Si hacemos esto con la Resurrección, nos podemos hacer la siguiente pregunta: Si Jesús realmente hubiera resucitado, ¿qué tipo de evidencia esperaríamos encontrar? Tomando en cuenta que esto es un evento que ocurrió hace casi 2,000 años atrás, en cierto contexto cultural y teológico, podríamos proponer las siguientes evidencias. Si Jesús realmente resucitó, esperaríamos ver evidencia, primero, de Su existencia. Se esperaría ver evidencia de Su muerte, porque sin eso, no habría resurrección. Luego, se esperaría tener evidencia de una tumba vacía, testimonios de personas que dijeron haberle visto, y tal evento tuvo que haber tenido algún efecto en la vida de las personas envueltas. Podríamos, incluso, decir que tal evento, de ser cierto, tendría un efecto en el mundo entero, ya que es algo extraordinario.


Cuando hacemos este análisis, vemos que el tipo de evidencia que esperaríamos tener, si Jesús realmente hubiera resucitado, es exactamente la evidencia que tenemos. ¿Qué otra evidencia se necesitaría o se esperaría? Tenemos evidencia de la existencia de Jesús, de Su muerte por crucifixión, y de Su tumba vacía. También tenemos testigos de Sus apariciones, vemos cómo estas apariciones transformaron a los discípulos, incluso transformaron a personas hostiles (como Pablo y Jacobo, el hermano de Jesús), convirtiéndolos en evangelistas valientes, y vemos cómo, 2,000 años más tarde, seguimos hablando de este evento como si hubiera ocurrido ayer. La Resurrección de Cristo fue tan impactante que provocó la expansión del cristianismo por el mundo entero, hasta convertirse en la religión más grande del mundo.


No hay manera de negarlo. La evidencia que esperaríamos, si Jesús hubiera resucitado, es exactamente la evidencia que tenemos. Por lo tanto, como mínimo, podemos concluir que la Resurrección armoniza con la evidencia, y en este sentido, la evidencia sustenta la Resurrección.


Jesús, entonces, realmente resucitó, y toda la evidencia disponible demuestra que eso es así. Por tal razón, aunque lo aceptamos por fe, podemos estar confiados en que esta fe es sustentada por la evidencia. Habiendo establecido esto, sugiero que lean mi artículo anterior para que entiendan la importancia de la Resurrección.


¡Feliz Semana Santa!

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