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¿Qué es la Verdad?

Actualizado: 21 may 2020

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6)


Hace alrededor de dos mil años atrás, la Verdad fue llevada a juicio, condenada a muerte por un pueblo que amaba más a las tinieblas que a la luz (Juan 3:19). Hoy día nos encontramos en una situación similar, rechazando a la verdad en el nombre del amor y la tolerancia, huyendo de la luz por miedo a que nuestros propios pecados sean expuestos. Queremos aceptar y respetar a toda creencia, ideología, y estilo de vida, pero para lograrlo tenemos que rechazar y condenar toda perspectiva que atente contra nuestras creencias, lo cual resulta un tanto paradójico.

Tengo que admitir que este escrito es el resultado de semanas en donde me he sentido atacado, simplemente por mantener ciertas creencias. Una y otra vez he sido catalogado como un fundamentalista, un término que solo significa que mantengo los fundamentos básicos y literales del cristianismo, pero que ahora es un término despectivo que básicamente lo usan como sinónimo de ignorante u homofóbico. “No te atrevas a interpretar a la Biblia de manera literal,” me dicen, “porque si lo haces, te pondremos un título y serás estereotipado y rechazado de inmediato.”

Que quede claro, en realidad nadie me ha dicho estas cosas. Nadie me ha llamado fundamentalista, ni me han atacado ni amenazado de ninguna manera. Pero, así me siento cada vez que leo un artículo, o un post en las redes, o veo un video en donde promueven ciertos ideales o creencias con los cuales no estoy de acuerdo, y clasifican a cualquiera que difiera con estas creencias como fundamentalistas, literalistas, cristianos llenos de odio, etc. El uso de estos términos y títulos es una manera de prohibir cualquier tipo de conversación racional que busque llegar a la verdad, terminando el diálogo antes de comenzar.

Encuentro interesante que el nuevo testamento afirma la existencia de una verdad, y una y otra vez asocia esta verdad con Jesús (Juan 1:14; Marcos 12:32; Mateo 22:16; Apocalipsis 21:5). En realidad, la Biblia de forma general consistentemente identifica la verdad con Dios, afirmando que tal verdad proviene y está centrada en Él y Su Palabra (Salmo 31:5; Juan 16:13; 2 Timoteo 2:15). En este sentido, entonces, la Biblia está en total oposición a una sociedad que afirma que la verdad es subjetiva, que no existe una verdad objetiva o absoluta, y que básicamente toda creencia, ideología, religión, o estilo de vida es igual de válida.

Pero, no es necesario citar a la Biblia para demostrar el error de esta perspectiva “inclusiva,” ya que un poco de reflexión demuestra que es auto-contradictoria. Por ejemplo, una de las afirmaciones más comunes en esta sociedad es que “no existe verdad objetiva.” Pero, si no existe verdad objetiva, ¿cómo sabes que la afirmación “no existe verdad objetiva” es verdad? Al afirmar que “no existe verdad objetiva,” se está afirmando una verdad objetiva, ¡lo cual es completamente contradictorio!

Pero, dejando hacia un lado el aspecto filosófico por el momento, podemos ver fácilmente que, aún en un sentido práctico, tampoco tiene validez. Las personas afirman, por ejemplo, que debemos de aceptar o tolerar toda opinión, ideología, creencia, o estilo de vida por igual. Vamos a llamarle a estas personas, “Persona A.” Sin embargo, si yo no estoy de acuerdo con esta perspectiva, afirmando, en contraste, que existe una verdad objetiva, y que no podemos simplemente aceptar toda opinión como verdad, “Persona A” rechaza mi perspectiva como falsa, y en ocasiones se vuelven un tanto hostil, como en los ejemplos mencionados arriba. Pero, si toda opinión o perspectiva es igual de válida, ¿por qué mi perspectiva de que no toda opinión es igual de válida, no es válida? ¿No debería “Persona A” aceptar mi opinión como igual de válida que la suya?

En una sociedad verdaderamente inclusiva y tolerante, yo no debería de ser catalogado como fundamentalista (en el sentido despectivo) o ignorante simplemente porque tengo una opinión distinta a la tuya. Y, si mi opinión es que existe una verdad objetiva, y esa verdad me exige un estilo de vida que incluye evangelizar, y me prohíbe aceptar ciertas cosas como “buenas,” simplemente porque el resto de la sociedad le llama así, pues esta opinión debe ser aceptada y tolerada como igual de válida que las demás. Pero, todos sabemos que esto no es la realidad, y me atrevería a decir, incluso, que tal sociedad es imposible. No es posible mantener una sociedad verdaderamente inclusiva cuando existen tantas perspectivas opuestas y mutuamente exclusivas. En tal sociedad, es necesario afirmar una verdad objetiva, porque la ausencia de tal verdad nos lleva a una sociedad contradictoria, irracional, y sin dirección. Y, si lees esto y piensas que estoy mal, estás afirmando que existe tal cosa como una verdad objetiva, y te preguntaría, ¿Dónde está tu tolerancia?

Una vez más confirmo que la tolerancia solo es tolerancia si estás de acuerdo con la opinión pública, pero si estás en desacuerdo, mejor quédate callado. Pero, volvamos a la Palabra.

Hace casi dos mil años atrás, Jesús fue llevado a juicio, y condenado a muerte injustamente. En Juan 18:33-38 vemos una de las interacciones más interesantes en todo el relato, el momento en el que Jesús hace una afirmación de Verdad, y Pilato le responde con la pregunta, “¿Qué es la verdad?”

Existe mucha especulación sobre el por qué Pilato hizo esta pregunta, pero al final del día yo creo que lo importante es que, claramente, Pilato no tenía el mismo concepto de la verdad que tenía Jesús. Una de estas diferencias no es tan notable cuando lo leemos en el español, pero en el griego original existe una diferencia entre “la verdad” y “verdad.” Jesús afirma que vino a “dar testimonio a la verdad” (énfasis mío), indicando que existe una sola verdad, o una verdad absoluta. Sin embargo, cuando Pilato le responde preguntando sobre la verdad, no usa el artículo determinado que traducimos “la,” sino que simplemente pregunta, “¿Qué es verdad?” La ausencia de este artículo en el griego implica que Pilato tenía una perspectiva relativa de la verdad, muy similar a la que se mantiene en la actualidad.

Jesús atenta contra esta perspectiva relativa de la verdad, no solo afirmando que vino a enseñar o a dar testimonio a la verdad, sino diciéndonos que Él mismo es “el camino, la verdad, y la vida,” y que “la verdad os hará libres” (énfasis mío). En estos pasajes, Jesús está utilizando lenguaje exclusivo, enseñándonos que no hay otra verdad fuera de Él, no hay otro camino fuera de Jesús, no hay otra fuente de salvación fuera de Su sangre. Este tipo de lenguaje exclusivo es considerado como lenguaje de odio, hoy día, ya que no valida el pensamiento relativo de que toda opinión, ideología, o estilo de vida es igual de válida. Jesús nos dice que esta perspectiva relativa es falsa. Por lo tanto, cuando intentamos apelar a las masas, aceptando toda “verdad” como verdad en el nombre del amor y la tolerancia, sencillamente no estamos siguiendo las enseñanzas de Jesús, y no nos podemos llamar cristianos.

Parece fuerte lo que acabo de decir, pero cuando leo la Biblia no veo otra forma verlo. De principio a fin, la Biblia nos afirma una verdad objetiva y absoluta, y nos pinta la imagen de una humanidad que siempre se queda corta a esta verdad. Esto, por definición, es pecado, el cual literalmente significa “fallar el blanco.” El pecado, entonces, es una parte esencial del mensaje bíblico, en especial el mensaje de Jesús. Por lo tanto, tiene que ser parte de nuestro mensaje, también. De lo contrario, no estamos predicando el evangelio, y por lo tanto no estamos predicando la verdad.


Antes de concluir, quisiera ofrecer un detalle adicional que encuentro increíblemente interesante sobre el significado de la palabra “verdad” en el antiguo testamento. En el hebreo (el lenguaje original del antiguo testamento), no existe una palabra para “verdad,” lo cual puede ser una sorpresa para muchos (lo fue para mí, cuando primero lo descubrí). La palabra que se traduce como verdad (ʾěmeṯ), en realidad significa “fidelidad, confiabilidad, e integridad.” La ausencia de una palabra para verdad no significa que la Biblia no habla sobre la verdad en el antiguo testamento, sino que simplemente nos demuestra que el concepto de verdad en la cultura hebrea estaba ligado al carácter moral de Dios. Cuando la Biblia habla de la verdad, no está hablando simplemente de unos datos que corresponden con la realidad, como una verdad científica. Más bien, cuando habla de la verdad están utilizando lenguaje moral, relacionando, entonces, el concepto de la verdad con el carácter moral de Dios. Esto es increíblemente interesante, ya que implica que cuando leemos un pasaje que afirma que Dios es fiel, a la misma vez nos está afirmando que Dios es verdad. Y, cuando nos afirma que Dios es un Dios de verdad (Salmo 31:5), también nos está afirmando que Dios es fiel. ¡Qué verdad más preciosa!

La verdad, al igual que Dios, es algo confiable, íntegro, y fiel (fiel a la realidad natural, moral, o a los principios y la naturaleza de Dios). Por lo tanto, nosotros no podemos promover una verdad que es contraria a Dios, ya que, siendo contraria a Dios, ya no es fiel, confiable, ni íntegra. Es decir, toda “verdad” que es contraria a Dios, sencillamente no es verdad.

Para el cristiano, entonces, el fundamento para la verdad es Dios y Su Palabra. No existe otra verdad fuera de Él, y por lo tanto no podemos predicar otra palabra que no sea Su Palabra. Esto implica que no podemos comprometer esa verdad para nada del mundo, y en una sociedad que rechaza este concepto de verdad objetiva, es de esperarse que tal verdad sea catalogada como ofensiva. Me siento mal el no poder expresar mis opiniones libremente, o interpretar a la Biblia de manera literal sin que me pongan títulos despectivos, con la intención de humillar y silenciarme. Me siento mal cuando veo que la verdad de Dios está siendo comprometida y sustituida por las verdades del mundo. Me siento mal al ver una iglesia que se mueve según la corriente la lleva, en vez de mantenerse firme en el fundamento, que es Cristo Jesús. Me siento mal que nada de lo que he dicho hasta el momento hará ninguna diferencia en la mente de la mayoría, mucho menos en la sociedad en general. El mundo seguirá su camino, y al final del día mis opiniones no tienen ningun valor.

Pero, a pesar de todo esto, me mantengo firme en mis convicciones, poniendo mi confianza en la roca inconmovible que es Cristo Jesús, afirmando aquella verdad, la única verdad, la cual me hizo libre hace alrededor de doce años. Esa es la verdad que conozco, es la verdad por la cual vivo, y es la verdad que afirmaré hasta la muerte. Fidelidad, confiabilidad, e integridad. Eso es Dios. Esa es Su Verdad. Amén.

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