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Mujeres: ¡Sométanse!


Mientras escribo esto, es el día internacional de la mujer, dentro del mes de la mujer (marzo); un día en el que no solo se celebra a la mujer, sino que se conmemora todos sus sacrificios y logros, y se enfatiza su lucha constante por sus derechos. Para muchos, es un día de celebración, pero para otros, es un mero recordatorio de la gran opresión que las mujeres han sufrido a la mano del hombre, dentro de un mundo históricamente dominado por los hombres. En palabras sencillas, hoy es un recordatorio de que aún falta mucho por hacer para finalmente lograr la igualdad por la cuál tantas mujeres han luchado.


Lamentablemente, algunas personas aprovechan este momento para promover sus propias ideologías extremas, como el feminismo radical, y algunos grupos anti-religiosos intentan recordarles a los creyentes (mayormente cristianos) cómo su religión ha sido una de los grandes opresores y opositores a los derechos humanos (en este caso, los derechos de las mujeres).


He visto, ya, varias personas citando algunos pasajes bíblicos, por ejemplo, que parecen afirmar la inferioridad de la mujer. Y, he visto cómo la mayoría nos presentan un contraste entre la igualdad y el patriarcado, ignorando el hecho de que el patriarcado y el machismo no es lo mismo. Pero, no quiero enfocarme en estas distorsiones generales, las cuales son un reflejo del estado actual de nuestra sociedad. Lo que quiero hacer, hoy, es aclarar uno de los pasajes que más se ha usado en contra de la mujer, e intentar expresar la verdadera postura bíblica sobre el valor de las mujeres. Mi deseo es demostrar que, aunque la Biblia sí ha sido usada para oprimir y abusar a las mujeres, esto se debe a una distorsión de la Biblia, y no es un reflejo correcto de lo que la Biblia realmente enseña.


Comenzaré con el principio: Génesis 1 (estaré usando NVI en todas mis citas). Este pasaje nos relata la creación del ser humano en imagen y semejanza de Dios. Como he explicado en otros artículos, es importante entender que la imagen de Dios en el ser humano es lo que nos da nuestro valor innato. Encuentro interesante cómo muchas personas buscan luchar por los derechos humanos, sin reconocer a Dios, ya que en un mundo naturalista (donde Dios no existe), no hay ninguna razón para afirmar que existe tal cosa como derechos humanos. En un mundo, el cual es producto de un mero accidente (el Big Bang), ¿por qué creer que el ser humano es especial? ¿De dónde salen nuestros derechos? ¿De dónde sacamos nuestro concepto de valor o propósito? Sencillamente, en tal mundo, el concepto de derechos humanos es un mero invento, creado para intentar tener un poco de orden en nuestra sociedad, pero no es algo real. En tal mundo, tu y yo somos meros animales avanzados, estamos aquí por accidente, y no hay nada en nosotros que nos hace especial; no existe tal cosa como derechos humanos o naturales.


Esta perspectiva es contrastada con lo que la Biblia nos enseña: fuimos creados por Dios en Su imagen y semejanza. Esto quiere decir que hubo intención detrás de nuestra existencia, lo cual es necesario para poder tener valor y propósito, y quiere decir que el ser humano tiene un valor innato, el cual no puede ser adquirido ni destruido por nada externo (como el dinero o clase social). En otras palabras, el ser humano tiene valor porque fuimos creados en imagen y semejanza de Dios, y este valor requiere un nivel de amor y respeto (los fundamentos para los derechos humanos).


Lo interesante de este pasaje, además de lo que ya he explicado, es que afirma que, no solamente el hombre fue creado en imagen de Dios, sino que la mujer fue creada en Su imagen, también (v. 27). Inmediatamente luego de crearlos, la Biblia dice que Dios los bendijo con estas palabras: “Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo” (v. 28). Esto es importante porque es una afirmación clara de que, tanto el hombre, como la mujer, tienen autoridad y dominio sobre la tierra, reafirmando su igualdad. Desde el principio, entonces, la igualdad del hombre y de la mujer fue parte del plan perfecto de Dios.


Pero ¿qué tal de Génesis 3:16? Ahí dice que el deseo de la mujer será para su marido, y que el hombre dominará a la mujer. Hace poco, alguien me citó este pasaje, exigiendo una explicación, ya que entendía que es un ejemplo claro de cómo la Biblia afirma la inferioridad de la mujer. No quisiera gastar mucho tiempo explicando las reglas de interpretación bíblica (la hermenéutica), y entrar en estudios lingüísticos o explicando contextos culturales. Casi siempre, cuando un pasaje es difícil de aceptar, esto es lo que buscamos hacer, y el resultado final es que la gente sencillamente no entiende lo que les estamos diciendo, y se van con la impresión de que, si no eres un gran teólogo o experto en la Biblia, no la podrás entender.


En vez de entrar en todos esos detalles, entonces, solo les recordaré lo que está pasando en el pasaje: el juicio de Dios. Génesis 1, citado arriba, nos explica el plan perfecto de Dios, y el diseño original del ser humano. Génesis 3, sin embargo, nos relata la caída del hombre (el pecado), y su castigo. El verso 16, entonces, no es un reflejo del ideal de Dios, sino que es una expresión de las consecuencias del pecado. En otras palabras, aún si interpretamos este pasaje como que nos está enseñando que la mujer es inferior, y que el hombre la debe dominar (lo cual no es lo que el pasaje nos está enseñando), es importante entender que esto no es lo que Dios quiere para nuestras vidas, sino que es parte de las consecuencias del pecado. La inferioridad de la mujer en la sociedad, entonces, no es algo bueno, sino que es algo malo, según la misma Biblia. No hay forma de usar este pasaje como evidencia de que la Biblia enseña que la mujer es inferior al hombre, o que esto es algo bueno; solo nos enseña que esta percepción de inferioridad es producto de un mundo caído, pero no es lo que Dios quiere para nosotros.


Tomé el tiempo para explicar estos pasajes en Génesis porque Génesis es el fundamento del resto de la Biblia. Cuando nos encontremos con un pasaje difícil de entender, siempre debemos de mantener este contexto en mente a la hora de interpretarlo. Esto nos lleva a uno de los pasajes que más se ha usado en contra de la mujer, el cual es parafraseado (erróneamente) en el título de este artículo: Efesios 5:22-23. El pasaje dice, “Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y Salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo.”


Cabe notar que el pasaje no está hablando de las mujeres y los hombres, de manera general, sino que está hablando específicamente de esposos y esposas. Pero, vamos a dejar ese punto hacia un lado, para los efectos del argumento. El argumento es que aquí Pablo está enseñando “claramente” que la mujer es inferior al hombre; el hombre manda, y la mujer obedece. De hecho, históricamente, este pasaje se ha usado para justificar la violencia hacia la mujer, diciendo que, ya que el hombre es la cabeza de la mujer, tiene derecho “castigarla” para enseñarle a obedecer. Esto es una interpretación horrible, y no es consistente con lo que la Biblia enseña, de manera general, ni con lo que Pablo dice aquí, específicamente.


La palabra clave de este pasaje es “sométanse.” Dile a una mujer, hoy día, que se tiene que someter al hombre, para que veas su reacción. Seguramente, te dirá, “¿qué te crees tu? Yo no me dejo dominar por ningún hombre.” Esto demuestra que, en realidad, pocos entendemos lo que significa la palabra, “someter.” Una vez más, no quisiera entrar en detalles hermenéuticos o lingüísticos para explicar algo que la misma Biblia explica. La palabra “someter” tiene diferentes usos en diferentes partes de la Biblia, y por eso el contexto es importante. Con eso en mente, entonces, ¿qué nos dice el resto del pasaje? Primero, luego de hacer un llamado a la esposa a someterse a su esposo, le hace un llamado al esposo a amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia, entregando hasta Su vida por ella (v. 25). Luego, hace un paralelo entre Cristo y la iglesia (Su Cuerpo), y el hombre y la mujer, diciéndole al hombre que debe de amar a la mujer como a su propio cuerpo (v. 28a), o como a sí mismo (v. 28b). El punto de esta analogía, según Pablo, es que, de la misma forma en que el hombre cuida de su cuerpo, y no lo maltrata ni lo odia, no puede maltratar ni odiar a su esposa (v. 29).

Todo esto quiere decir que, aún si interpretamos el verso 22 como una afirmación al dominio del hombre sobre la mujer, los siguientes pasajes impiden que el hombre abuse de ese poder, exigiéndole que la cuide, la ame, y la respete. En palabras sencillas, el hombre tiene que poner a las necesidades de la mujer primero; su bienestar tiene que ser la prioridad del hombre.

Pero, todo esto es en caso de que el verso 22 realmente enseñara que el hombre tiene dominio sobre la mujer, lo cual no es cierto. La palabra “someterse” no es un llamado a la obediencia, sino al respeto y la honra. Esto lo podemos descubrir si hacemos un estudio lingüístico, pero, tal estudio no es necesario porque el mismo Pablo nos aclara esto al final del pasaje. En el verso 33, resumiendo todo lo que ha dicho en los pasajes anteriores, nos dice, “En todo caso, cada uno de ustedes ame también a su esposa como a sí mismo, y que la esposa respete a su esposo.” Fíjense en la ausencia de la palabra “sométanse,” en este pasaje. En su lugar, Pablo ahora dice, “respete a su esposo.” ¿Por qué? Porque, para Pablo, en este contexto, ambas palabras son sinónimos, y por lo tanto pueden ser usadas de manera intercambiable.


En otras palabras, cuando Pablo comienza diciendo que la mujer (esposa) debe de someterse al hombre (esposo), lo que está queriendo decir que la mujer debe de respetar (honrar) al hombre. No se trata de mera obediencia, entonces, ni mucho menos un asunto de superioridad o inferioridad. De hecho, cuando las personas citan este pasaje (v. 22), ignoran lo que Pablo dice inmediatamente antes de hacerle un llamado a la mujer a someterse. Si lo leyeran, se darían cuenta de lo absurdo que es usar este pasaje como evidencia de que la Biblia enseña que la mujer es inferior al hombre, o que el hombre puede dominar a la mujer. El verso 21 nos dice, “Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo.”


Si comenzamos con este verso, nos damos cuenta de que es imposible que “someterse” sea una afirmación de superioridad o inferioridad, ya que el verso 21 nos está diciendo que todos debemos de someternos los unos a los otros. ¿Cómo puedo yo ser superior a ti, y a la misma vez tu ser superior a mi? ¡Eso no tiene sentido! Claramente, entonces, el llamado al sometimiento no es nada más y nada menos que el amor, el respeto, y la honra. Y, este llamado debería de ser algo mutuo, no exclusivo de la mujer hacia el hombre. En otras palabras, Pablo le está diciendo a ambos que se amen, respeten, y se honren, el uno al otro. No es un llamado al abuso, al maltrato, ni nada parecido.


El valor de la mujer es afirmado en otras partes de la Biblia, también, pero este escrito sería muy extenso si decido ir verso por verso, demostrando esta verdad. Es por esto que decidí enfocarme en estos dos pasajes, los cuales sirven como el fundamento de cualquier enseñanza sobre la relación entre el hombre y la mujer. Reconozco perfectamente que hay algunos pasajes problemáticos, y un poco más difícil de entender. Pero, si el fundamento de la Palabra es que la mujer y el hombre son de igual valor, ante Dios, y que ambos se deben de amar y respetar mutuamente, estos otros pasajes deberían de ser interpretados a la luz de esta enseñanza clara.


Si alguno que está leyendo este artículo tiene alguna duda o pregunta sobre algún pasaje controversial relacionado al tema, en confianza me puede escribir en privado (si me tienes en las redes), o dejar un comentario aquí mismo en el blog, e intento responder.


Mientras tanto, diré que la iglesia, históricamente, ha abusado de su poder y su autoridad en muchos casos, uno de los cuales ha sido hacia la mujer. Es muy cierto que pasajes como Efesios 5:22 han sido usados, erróneamente, para justificar el abuso, el maltrato, y la opresión de la mujer. Esto es innegable. También es innegable que la iglesia tiene que hacer más para, no solo evitar que esto siga ocurriendo, sino para luchar por los derechos de la mujer, y por los derechos humanos, en general. Tenemos que ser más vocal, y más proactivos en estas luchas. Y, esta lucha no puede ser limitada al día internacional de la mujer, o al mes de la mujer, sino que tiene que ser algo de todos los días, hasta que logremos la verdadera igualdad.

Pero, me rehúso a decir que la Biblia es anti-mujer, o machista, o que nos enseña de alguna manera que la mujer es inferior al hombre. Definitivamente, ha sido interpretada de esta manera, pero no es lo que la Biblia realmente nos enseña. También resisto el estereotipo del patriarcado bíblico, el cual, erróneamente, se usa como sinónimo del machismo. Mi mayor deseo es que dejemos la guerra de los sexos, dándonos cuenta de que todos fuimos creados en imagen y semejanza de Dios, y por lo tanto todos tenemos valor, y merecemos respeto. El fundamento de este deseo es la misma Biblia, la cual reafirma de principio a fin de que este es el caso. Ojalá algún día aprendamos a leerla e interpretarla correctamente, y de esa manera dejar de usarla para promover nuestras propias agendas, o para justificar la injusticia hacia otros seres humanos.

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