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La Idolatría Moderna


Actualmente, soy maestro de escuela bíblica. Usualmente, lo que hacemos en las clases es que, escogemos algún libro de la Biblia, y lo estudiamos, verso por verso, semana tras semana, hasta que lo terminemos. Luego, escogemos otro libro, y repetimos el proceso. El propósito de este estilo de estudio bíblico es adquirir un mayor entendimiento de lo que dice la Biblia, leyendo las cosas en su debido contexto, y profundizando lo más que podamos en el tiempo que tenemos. En los últimos tres años, hemos recurrido el libro de Apocalipsis, Romanos, y actualmente estamos estudiando 1 Corintios.


Una de las cosas que nunca deja de sorprenderme en estos estudios es la cantidad de versos o pasajes populares que citamos a menudo, fuera de contexto, los cuales, en su contexto, adquieren un significado muy distinto al que usualmente le damos. Hay pasajes, incluso, que de verdad que no sé cómo los podemos entender sin tomar el tiempo para leer el resto del libro. Sin embargo, eso no nos detiene a la hora de citarlos. Un ejemplo reciente de esto se encuentra en 1 Corintios 6:9-10: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, y ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.”


Históricamente, este pasaje se ha usado para condenar al homosexualismo en el mundo, y es bastante común parafrasearlo, diciendo, “los homosexuales no entrarán en el reino de Dios.” Sin embargo, esto no es el propósito de este pasaje. De por sí, es un poco raro usar un pasaje que menciona a 11 pecados distintos para condenar a uno solo (el homosexualismo). Pero, el problema mayor con el uso de este pasaje es que nunca fue escrito para el mundo, sino para la iglesia.


No dedicaré mucho tiempo a esto, pero si lees los cinco capítulos anteriores, especialmente el capítulo 5, verás que Pablo no está hablando del pecado, en general, sino que está hablando específicamente sobre el pecado dentro de la iglesia. A Pablo le había llegado la información de que, en la iglesia de Corinto, algunos estaban cometiendo ciertos pecados y faltas contra sus propios hermanos en la iglesia (5:1; 6:7-8, por ejemplo), y Pablo les estaba exhortando a que dejaran estas prácticas. De hecho, en algún momento dado Pablo les dice a los Corintos que se alejen de pecadores, pero aclara que no se refiere a los pecadores del mundo, ya que “en tal caso os sería necesario salir del mundo” (5:10), sino que se está refiriendo a los que, “llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis” (5:11).


Noten cuán similar es esta lista de pecados a la lista en 6:9-10; es casi idéntica. Mientras habla sobre estas personas que, a pesar de que dicen ser cristianas, están practicando estas cosas, Pablo les recuerda que, viviendo este tipo de vida, no podrán entrar al reino de Dios. Este es el propósito de 1 Corintios 6:9-10; no fue escrito para condenar al mundo, sino para regañar a la iglesia por practicar y permitir estos pecados. ¿Este pasaje aplica al mundo, también? Por supuesto que sí. ¿Le llama pecado al homosexualismo? Si, también. Pero ¿es este el propósito del pasaje? No, no lo es. Lo peor de todo es que, cuando citamos este pasaje, usualmente se nos olvida citar el verso 11, el cual nos habla del poder transformador de Cristo, testificando de que, sea cual sea el pecado, Cristo te puede perdonar, salvar, y transformar. Al citar solamente a los versos 9 y 10, convertimos este pasaje en un pasaje de condenación, y no de esperanza.


Ahora, ¿por qué cometemos este error a la hora de citar pasajes como este? ¿Por qué se nos hace más fácil identificar pasajes que condenan, que identificar los que ofrecen salvación? Existen varias posibles razones, una de las cuales es que, sencillamente, muy pocos tomamos el tiempo para leer y estudiar la Biblia, correctamente. Pero, creo que hay otra razón por la cual este tipo de pasaje los usamos para condenar a un grupo en particular, sin entender su propósito real. Y, en mi opinión, es que, a nosotros (los seres humanos, pero en particular a los cristianos) se nos hace más fácil identificar las faltas en otros, que en nosotros mismos. Cuando hablamos del pecado, por ejemplo, usualmente hablamos de tu pecado, no de mi pecado. Cuando único hablamos de nuestro propio pecado es para contar sobre cómo Cristo nos ha perdonado. Pero, cuando se trata de regañar, corregir, juzgar, o condenar, casi siempre le estamos dirigiendo el mensaje a otro, no a nosotros mismos.


Piensen en, por ejemplo, cuando algún predicador está hablando sobre el pecado desde el altar. Reconociendo que cada uno de nosotros somos pecadores, se supone que este tipo de mensaje nos redarguye, y quizás hasta nos entristezca, un poco, ya que reconocemos cuán imperfectos somos. Sin embargo, en mi experiencia, es bastante común escuchar “amen” o “aleluya” y aplausos en medio de estos mensajes, como si se estuviera hablando de algo positivo. ¿Por qué? Porque, cuando escuchamos al predicador hablando del pecado, nuestra mente naturalmente piensa que el mensaje es para otro, no para nosotros. Es como cuando un niño ve que su mamá está regañando a su hermano, y se ríe porque sabe que no es con él, la cosa. Algo similar hacemos nosotros, en la iglesia.


¿Qué tiene que ver todo esto con el tema principal de este artículo? Pues, el que ha estado en Puerto Rico durante los pasados días, sabrá que recientemente hubo una serie de conciertos de parte de un artista sumamente popular, Bad Bunny. Siempre que su nombre sale en la prensa, noto que en mis redes sociales se forma un alboroto entre los que le siguen, y los que no. En este caso, el tema central de muchos era que Bad Bunny se había convertido en un ídolo, y que estaba usando su influencia para descarrilar a la juventud. Imágenes de personas haciendo largas filas para verlo, o del estadio completamente lleno, etc., fueron compartidas para criticar la obsesión irracional que muchos tienen con él. Muchos cristianos, en particular, notan cómo la imagen que Bad Bunny está fomentando es una de pecado, pero lo hace de una forma en que el pecado se vuelve entretenido y atractivo, y, por lo tanto, los que le siguen no se dan cuenta. Por otro lado, los que lo defienden dicen que no hay nada malo en ser fanático de él, y señalan que así mismo otras generaciones han hecho con diversos artistas. Pero, como no es de su agrado, pues lo critican.


La verdad es que ambos lados tienen sus puntos válidos. Yo me identifico más con el lado que lo critica, que con los que lo defienden, pero, eso no es el punto. Mientras veía tantos escritos sobre Bad Bunny, en particular de parte de cristianos señalando la obsesión irracional de la gente con alguien como él, no podía dejar de recordar el pasaje de 1 Corintios, citado arriba. No es que la iglesia debe de simplemente aceptar estas cosas, o no señalar lo que está mal, llamar lo malo, bueno, etc. Pero, no puedo evitar pensar que, a veces invertimos tanta energía en condenar estas cosas, que no nos damos cuenta de que nosotros, en ocasiones, hacemos lo mismo.


Fíjense que uno de los pecados mencionados en la lista de 1 Corintios, arriba, es la idolatría. ¿Cómo es posible que cristianos practiquen la idolatría? ¿Cómo es posible que se sigan llamando cristianos, cuando lo hacen? Sin embargo, esto es exactamente lo que estaba ocurriendo en Corinto, y es mi opinión de que sigue ocurriendo, hoy día. Te pido que resistas la tentación de leer estas palabras y pensar, “Sí, es verdad. Hay personas que practican la idolatría en la iglesia.” En otras palabras, resiste la tendencia de proyectar estas palabras en los demás, y reflexiona seriamente sobre tu propia vida. Yo haré lo mismo, mientras escribo en tercera persona.


El ejemplo de idolatría que Pablo estaba criticando en 1 Corintios lo encontramos en el primer capítulo. Pablo menciona que había personas en la iglesia de Corinto que estaban, en esencia, idolatrando a sus líderes. Algunos decían, “Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo” (1:12), y, en respuesta, Pablo les pregunta, “¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” (1:13). Luego, durante los próximos 3 capítulos, Pablo les recuerda a los Corintos que ellos (Pablo y los demás líderes y apóstoles) eran meros seres humanos, imperfectos, que sufren y padecen como todos, y que, por lo tanto, no eran dignos de ser idolatrados de esta forma.


Este mensaje me llevó a reflexionar sobre ejemplos modernos de idolatría, en la iglesia, y me vinieron varios, a la mente. Creo que el más común es el más pertinente a lo que está ocurriendo con Bad Bunny: la idolatría de artistas o ministros cristianos.


Piensa en un artista cristiano popular, o que a ti te agrade mucho, y pregúntate lo siguiente: ¿Pagarías por verlo en concierto? La mayoría de nosotros diría que sí. De hecho, la mayoría de nosotros lo ha hecho, ya, en algún momento dado. No hay nada malo en esto, en sí. Digamos que ese concierto, de alguien como Hillsong, quizás, te cuesta $50 (o el precio que quieras ponerle). Hazte, ahora, la siguiente pregunta: Si yo (Manuel) anunciara que estoy haciendo un concierto, para el cual tienes que pagar $50, ¿lo pagarías? Aún si tu dices que sí, lo cual dudo, creo que podemos estar de acuerdo en que la mayoría de las personas no pagaría el mismo precio por verme a mí, de lo que pagarían por ver a alguien como Hillsong. Pero ¿por qué? ¿Acaso el punto de ir a un concierto cristiano no es adorar a Dios? ¿Acaso solo alguien famoso como Hillsong puede adorar a Dios, correctamente? La realidad del caso es que, aunque digamos que vamos a un concierto cristiano para adorar a Dios (lo cual muchos, quizás, sí hacen), el hecho de que pagaríamos para un artista cristiano famoso, y no pagaríamos por un “Juan del pueblo,” demuestra que, aunque sea una parte de nosotros está yendo al concierto cristiano, no solo para adorar a Dios, sino para ver al artista.


La realidad es que pagamos por ver a ciertos artistas porque nos gusta ese artista. Me gusta sus canciones, su estilo, etc., mientras que no me gusta o no conozco las canciones o el estilo de otra persona. No hay un paralelo exacto entre ir a un concierto cristiano, e ir a un concierto secular. Sin embargo, no podemos evitar admitir que sí hay paralelos. No podemos decir que vamos a un concierto cristiano solamente para adorar a Dios, porque si esto fuera cierto, pagaríamos por cualquier artista cristiano, no solo los artistas famosos. Admitamos, entonces, que una parte de nosotros quiere ver a estas personas en vivo. No se trata solamente de Dios. Y, cuando admitimos esto, estamos admitiendo, en esencia, un tipo de idolatría.


Yo sé que se escucha fuerte, y quizás el asunto no es tan blanco y negro como lo estoy haciendo parecer, aquí. Pero, creo que, si somos honestos con nosotros mismos, nos daríamos cuenta de que es verdad, y admitiríamos que, hasta cierto punto, nosotros (los cristianos) idolatramos a ciertas personas. Es normal que, en una actividad se invite a un ministro o artista cristiano. Es normal, también, que la actividad se llene más o menos, dependiendo del ministro o el artista. Similarmente, si yo predico un mensaje, y un predicador famoso predica el mismo mensaje, es bastante normal que las personas le hagan más caso al predicador famoso, que a mi.


Otro ejemplo un poco más difícil de refutar es la idolatría de pastores o líderes religiosos. Y, no hablo solamente de figuras mega-populares como Joel Olsteen, sino que hablo de pastores “comunes” de iglesias locales. Hay personas, en la iglesia, que siguen todas las enseñanzas de un pastor, ciegamente, aún si estas enseñanzas no están correctas. Piensan que es pecado cuestionar a un pastor, o estar en desacuerdo con él, porque son la cabeza de la iglesia, puesta por Dios mismo para dirigirnos. Hay pastores, o líderes, que caen en pecado, y sus iglesias buscan ocultarlo para no dañar su imagen. En ocasiones, iglesias se dividen porque algún pastor o líder se va de la congregación, y las personas le siguen a dondequiera que vayan. Esta idolatría de líderes religiosos, de hecho, en ocasiones se usa para poder abusar de las personas, como en el caso del abuso sexual de mujeres y menores, dentro de la iglesia. Hay personas que piensan que no pueden decir nada negativo sobre su pastor, aún cuando este pastor los está abusando, porque piensan que estarían pecando contra el siervo de Dios si lo hacen. Esto podría sonar extremo, pero es una realidad que ocurre con mayor frecuencia de lo que imaginamos.


Existen otros ejemplos de la idolatría en la iglesia que podría mencionar, pero me tomaría mucho tiempo. Supuestos profetas que solo hablan de prosperidad, personas que sanan y se creen que el poder para sanar es suyo, y no de Dios, predicadores por los cuales estamos dispuesto a pagar o viajar para escuchar, a pesar de que nos cuesta prestar atención a nuestro pastor cada domingo. En fin, la idolatría en la iglesia es mucho más común de lo que pensamos, pero usualmente no le llamamos idolatría. Sin embargo, cuán fácil es ver a un artista como Bad Bunny, y darnos cuenta de que es idolatría. De nuevo, mi argumento aquí no es que Bad Bunny es bueno, o que la iglesia debería de simplemente aceptar lo malo, y callarse. No estoy defendiendo a nadie. El punto, aquí, es que, si invirtiéramos esa misma energía que invertimos para señalar a los fanáticos de Bad Bunny, en sanar y limpiar nuestra propia casa (la iglesia), el mundo sería mucho mejor.


De hecho, creo que hay momentos en el que debemos de reflexionar sobre qué ganamos con tantos señalamientos. Y, el que me conoce, sabe que yo no soy el tipo de persona de quedarme callado en estos asuntos. Pero, a veces es necesario observar la situación, y preguntarnos si nuestra táctica está sirviendo para acercar o alejar a las personas. Yo no creo que criticando a alguien tan querido como Bad Bunny va a lograr ganar a los jóvenes que le están siguiendo. Y, de nuevo, no estoy diciendo que no se debe de decir nada. Pero, sí creo que ganaríamos a más personas si cambiamos un poco nuestra estrategia. ¿Alguien de los que ha señalado a Bad Bunny ha hecho el intento de comunicarse con él para intentar predicarle el evangelio? Yo sé que esto es poco realista para la mayoría de nosotros, pero no es imposible. Como mínimo, podríamos hacer algún tipo de mensaje dirigido a él, y orar a que el mensaje le llegue. Creo que no está demás intentarlo, y ganaríamos mucho más con solo intentarlo.


Pero, algo un poco más realístico que podríamos hacer es hablar, directamente, con los jóvenes que están yendo a esos conciertos, muchos de los cuales son cristianos y van a la iglesia. Lee esa última oración, de nuevo. Muchos de los jóvenes que asisten a estos conciertos son cristianos en nuestras propias iglesias. ¿Estamos trabajando para acercarlos más a Cristo? Al final del día, solo Cristo transforma, así que lo mejor que puedo hacer para ellos es intentar acercarlos a Él. Lo que sí sé es que, cuando solo nos sentamos a señalar algo que a ellos les encanta, lo que logramos es que ellos nos vean como sus enemigos. Esto no quiere decir que vamos a aceptar lo que el mundo llama bueno. Simplemente significa que hay otras formas, más personales y efectivas, para llegar a esta generación. ¿Está funcionando la estrategia actual? Creo que no. Pues, es tiempo de cambiar de estrategia.


En fin, la misma idolatría que condenamos en el mundo, existe dentro de la iglesia, y necesitamos trabajar para erradicarla. El mismo pecado que existe en el mundo, existe en la iglesia, y necesitamos trabajar para erradicarlo. No nos podemos quedar callados cuando alguien como Bad Bunny descarrila a una generación entera, pero tampoco podemos comportarnos como los enemigos de esta generación, porque por esa misma razón es que la estamos perdiendo. Esta generación necesita amor, y el amor va mucho más allá de simplemente condenar. El amor busca restaurar y transformar, pero esa transformación no ocurre por esfuerzo humano, sino que el único que puede transformar es Cristo. Recordemos eso la próxima vez que tomemos nuestro celular para escribir en las redes sociales sobre algún tema como este. ¿Lo que vamos a escribir proclama y glorifica a Cristo? O ¿solo señala lo que es malo? El verdadero evangelio hace ambas.

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