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La Biblia No Dice Eso (Pero ¿Qué Importa?)

Actualizado: 3 ene 2021

“Toda la Escritura es inspirada por Dios…” 2 Timoteo 3:16

Una y otra vez, escucho mensajes que dicen estar citando a la Biblia, cuando en realidad no lo están. Ya no puedo contar las veces en las que he buscado el pasaje que están citando en medio de una prédica, solo para encontrarme con la realización de que el pasaje no existe. En ocasiones, encuentro el pasaje, pero me doy cuenta de que no dice lo que el predicador está diciendo que dice. En esos momentos siento desilusión, frustración, y hasta un poco de enojo porque siento que, como mínimo, no están tomando en serio la Palabra de Dios, y como mucho, están engañando al pueblo.


Pero, mi frustración no está centrada en los predicadores que manipulan la Biblia a su conveniencia. Allá ellos con Dios. Todos rendiremos cuentas ante Dios, y por lo tanto ellos tendrán que darle explicaciones a Dios por su mal uso de Su Palabra. Mi preocupación, entonces, no es por el mal uso de la Palabra (aunque eso sí es preocupante), sino que mi preocupación es por las reacciones del pueblo ante este mal uso. Escucho estos mensajes, y me doy cuenta de que eso no es lo que dice la Biblia, pero la reacción de los demás es decir “Amén,” “Aleluya,” “Gloria a Dios.” Al parecer, muy pocos leen la Biblia, o a muy pocos les interesa verificar si lo que se les está diciendo es verdad o no. La Iglesia parece estar dispuesta a aceptar todo lo que se le diga desde el altar, en especial si es un mensaje positivo de ánimo o esperanza, a pesar de que estos mensajes de esperanza en ocasiones requieren una distorsión de la Palabra de Dios.

En estos tiempos de las redes sociales, en especial durante la pandemia actual, se me ha hecho mucho más fácil poder escuchar los mensajes de una diversidad de predicadores, y ver en vivo la respuesta de la gente. La semana pasada estuve escuchando un mensaje en el cual se le atribuía palabras a Jesús que Jesús nunca dijo. Escuché decir “dice la Escritura,” pero cuando abría mi Biblia para verificar, me daba cuenta de que esto no es lo que la Biblia dice. Inmediatamente, abro los comentarios para ver la reacción de la gente, pensando, “Seguramente, no soy el único que se ha dado cuenta. Seguramente, alguien tiene que estar comentando sobre esto.” Pero, con lo que me encontré fue decenas de personas compartiendo el mensaje en las redes, afirmando con “amenes” las palabras del predicador, y dándole las gracias a Dios por este mensaje.

Mi corazón se enardeció.

Y, quizás estoy siendo un poco extremo en mi reacción, pero es algo que no puedo evitar. El que me conoce, sabe cuán celoso yo soy con la Palabra de Dios; sabe que se me hace difícil guardar silencio cuando me encuentro con estos momentos, incluso me ha escuchado predicar sobre este tema, públicamente. Por lo tanto, esto no es un tema que puedo ignorar, y es algo que toca mis emociones.


Hace varios años, me encontré con un pasaje bíblico, el cual cambió mi manera de enseñar para siempre:

“Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación.” (Santiago 3:1)

Este pasaje cambió mi vida para siempre, ya que me di cuenta de la gran responsabilidad que estaba sobre mis hombros, como maestro de escuela bíblica. Enseñar es mi pasión número uno, y no cabe duda alguna que para esto fui llamado. Pero, este pasaje me recordó que ser maestro o líder no es una posición de autoridad o superioridad, sino de responsabilidad. Yo soy responsable, ante Dios, por lo que le enseño a la Iglesia. Incluso, Santiago me dice que, para los maestros, la condenación será mayor que para los demás. Es decir, el castigo será peor para mi, como maestro que conoce la Palabra, si decido enseñar algo falso, que para el que no es maestro y simplemente comete un error.

Créeme, que esto es motivación suficiente como para hacer todo lo que yo pueda hacer para enseñar la Verdad, evitando manipular o distorsionar la Palabra.

Pero, miedo al castigo de Dios no es la razón por la cual, para mi, es tan importante estudiar la Palabra y enseñarla correctamente. La razón por la cual yo hago lo que hago es porque amo a Dios. Yo amo a Su Palabra, y tengo una perspectiva bien alta de ella. Para mi, la Biblia es la Palabra de Dios, infalible (libre de errores), poderosa, y perfecta. Fue escrita por manos humanas, pero inspirada por Dios. Cuando yo agarro la Biblia en mis manos, entiendo que estoy tocando algo que viene de Dios mismo, y por lo tanto es algo sagrado, el cual merece cierto honor.

Para mi, la Biblia no es un producto meramente humano, con el cual yo puedo hacer lo que me de la gana. Cuando citamos a la Biblia, debemos de entender que es el equivalente de citar a Dios. “La Biblia dice,” es lo mismo que decir “Dios dice.” Por lo tanto, cuando le atribuimos palabras a la Biblia que la Biblia realmente no dice, le estamos poniendo palabras en la boca de Dios, el cual nunca dijo.

¿Soy el único que entiende cuán serio es esto?

Quiero aprovechar y enfatizar algo: el citar a la Biblia erróneamente, aunque sea con el fin de darle un mensaje positivo al pueblo, sigue siendo una distorsión de la Palabra de Dios. No es necesario que el fin del mensaje sea negativo, para que la distorsión de la Palabra esté mal. Un ejemplo claro de esto lo podemos encontrar en Génesis 3.

Dios le había dicho al hombre, “De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17). Cuando la serpiente comienza a tentar a Eva, lo primero que hace es distorsionar la Palabra de Dios, preguntándole, “¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?” (3:1). La mujer pudo reconocer de inmediato el error de la serpiente, e intentó corregirlo, diciendo, “Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis” (3:2-3).

En otras palabras, Dios solo les había prohibido el árbol de la ciencia del bien y del mal, pero podían comer de todos los demás árboles. La serpiente intentó engañar a la mujer, distorsionando la Palabra de Dios, preguntándole si Dios le había prohibido comer de todo árbol. Esta primera distorsión es fácil de reconocer, pero la segunda es un poco más difícil. La primera distorsión vino de parte de la serpiente, pero la segunda distorsión vino de parte de la mujer. Fíjate que Dios lo que dijo era que no podían comer del árbol, pero la mujer dice que Dios les dijo que no lo podían ni tocar. Ahora, les pregunto, ¿es malo decir esto? ¿Es malo creer que no podían tan siquiera tocar el árbol de la ciencia del bien y del mal? ¿No sería algo positivo tener este pensamiento? Si ni tan siquiera lo podían tocar, pues esto hubiera ayudado a que no comieran de él. El problema, entonces, no está en el mensaje, el cual puede ser visto como algo positivo. El problema está en atribuirle a Dios palabras que Él nunca dijo. Y, tan pronto la serpiente vio la distorsión, se aprovechó y continuó con su engaño, provocando que la mujer comiera del árbol, y lo compartiera con el hombre, trayendo el pecado al mundo.

El primer pecado, entonces, comenzó por una distorsión de la Palabra de Dios. Y, no importó que el mensaje o la intención de la mujer fuera positivo, sino que seguía siendo una distorsión de la Palabra de Dios, lo cual abrió las puertas al pecado.

De la misma forma, entonces, a pesar de que muchos de los mensajes que escuchamos hoy día son mensajes positivos, llenos de mucho amor y esperanza, lo cual es necesario en estos tiempos, si el mensaje está basado en una distorsión de la Palabra, no es un mensaje de Dios. No podemos darle gloria a Dios por un mensaje que distorsione Su Palabra. No podemos decir “Aleluya” a un mensaje que, en pocas palabras, es una mentira, aún cuando esa mentira es bonita y alentadora. Yo sé que en estos momentos muchos necesitamos escuchar mensajes de esperanza, pero esa esperanza tiene que estar centrada en la Palabra de Dios, y no en una distorsión de esa Palabra. Si el mensaje no está centrado en la Verdad de Su Palabra, cualquier esperanza que nos pueda ofrecer será una esperanza temporera, y no eterna. Jesús no vino para darnos un poco de ánimo para nuestro día a día; vino a ofrecernos salvación por nuestros pecados. Todo lo demás es añadidura.

Me duele, me frustra, y me preocupa ver a tantos predicadores distorsionar a la Palabra tan libremente, justificando tales distorsiones bajo la premisa de que el mensaje final es bueno. Pero, más preocupante y frustrante es ver a una Iglesia que acepta estos mensajes con brazos abiertos, algunos por ignorancia, otros por conveniencia, y otros porque sencillamente no les importa.

No podemos seguir aceptando estos mensajes.

Necesitamos leer la Biblia. Necesitamos estudiarla. Necesitamos escudriñarla. Necesitamos amarla.

Lo triste de todo esto es que reconozco perfectamente que la mayoría de las personas que lean este mensaje no pensarán que estoy hablando de ellos. La mayoría de las personas pensarán que estoy hablando de otro, y que en su iglesia no pasa esto. Pero, pasa más frecuente de lo que creen. Lo que pasa es que no nos damos cuenta porque nos agradan los mensajes, o porque confiamos en las personas que los traen, o porque no conocemos lo que dice la Biblia. Pero, tenemos que despertar.

No podemos seguir aceptando lo que nos enseñan ciegamente, simplemente porque la persona que lo enseña es una persona de autoridad. De hecho, yo he citado a la Biblia varias veces en este blog, y es muy probable que nadie abra sus Biblias para verificar que la estoy citando correctamente. Eso es parte del problema. Cuando digo que no debemos de aceptar lo que nos enseñan ciegamente, eso aplica a mi, también. No acepten lo que yo les estoy diciendo aquí ciegamente, sino verifiquen ustedes mismos si lo que estoy diciendo es verdad o no.

El cambio comienza por uno.

La pregunta, entonces, es, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos provocar un cambio en la Iglesia? Sencillo: Cuando termines de leer este blog, ve y busca tu Biblia, y léela, aunque sea por cinco minutos. Si haces eso, habrás leído la Biblia hoy, más de lo que la leíste ayer. Sólo conociendo la Verdad es que podemos identificar la mentira. Así, que, solo conociendo la Palabra, leyendo la Biblia, podemos resistir esos mensajes que no están centrados en la Palabra. Por ahí comenzamos.

El segundo paso es aplicar las enseñanzas de la Biblia a nuestras vidas, pero eso es tema para otro día…

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