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El Temor, La Luz, Y La Iglesia: Una Respuesta a John MacArthur

Actualizado: 16 ago 2020


Quisiera comenzar reconociendo que yo no soy la autoridad en ninguno de los temas que estoy a punto de tocar. También quiero afirmar que no es bueno cuando los cristianos debatimos públicamente sobre temas relacionados a la fe, ya que esto solo sirve para presentarle al mundo a una Iglesia dividida. Pero, el que me conoce, sabe la pasión que tengo por la Palabra de Dios, y cuando siento que alguien está atentando contra ella, y atentando contra el pueblo de Dios, no puedo guardar silencio. Fui llamado a defender la fe, y en ocasiones, escritos como este son necesarios. Por último, quisiera reconocer la gran labor que John MacArthur ha hecho para el reino en los últimos 40-50 años. Aunque no lo conozco personalmente, y tampoco puedo decir que he estudiado su teología, lo poco que conozco sobre él me deja saber que, al igual que yo, verdaderamente le apasiona el evangelio y la salvación de las almas. Esto no es, entonces, un ataque hacia su persona ni su fe; es sólo una respuesta a algunas de sus declaraciones más recientes, las cuales considero peligrosas.

Para el que no sabe, MacArthur, ayer, publicó un corto artículo sobre la necesidad de mantener a las iglesias abiertas, dentro de esta pandemia. Este artículo vino luego de que recibiera un poco de crítica pública por desafiar a las restricciones gubernamentales, abriendo las puertas de su templo a cientos de personas, muchos de los cuales no tenían máscaras. Podría desmenuzar el artículo, resaltando todos los puntos con los que no estoy de acuerdo, o que considero peligrosos, como por ejemplo su afirmación errada de que el Covid-19 es “sólo un poco más peligroso que la gripe.” Aquí, MacArthur ignora que, en menos tiempo, el Covid ha matado a más personas que la gripe, lo cual es impresionante considerando que estas muertes han ocurrido a pesar de las restricciones gubernamentales, mientras que no existen tales restricciones para la gripe. En otras palabras, si con las restricciones, el Covid ha matado a más personas que la gripe, imagínense cuántas personas hubieran muerto sin las restricciones. Creo que es sumamente peligroso trivializar al Covid de esta manera.

Así mismo, MacArthur hace varias afirmaciones que considero erradas y peligrosas, pero si voy punto por punto, el mensaje principal se perdería entre tantas palabras. Por lo tanto, me enfocaré sólo en tres puntos principales, los cuales son representativos del artículo en general, concluyendo con lo que pienso que debería de ser la respuesta correcta de la Iglesia ante esta situación. Los tres puntos a discutir son: el temor, la luz, y la Iglesia. Comenzamos con el temor.


MacArthur comienza el artículo citando a Mateo 10:28, el cual dice que “no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” El punto que MacArthur intenta hacer aquí es que el cristiano solo debe temer a Dios, y no al Covid-19 ni a ninguna otra cosa, fuera de Dios. Es aquí donde nos dice que no debemos de temer a algo que sólo es un poco más peligroso que la gripe.

El problema con el concepto del temor que MacArthur nos presenta aquí es que esto no es lo que la Biblia quiere decir cuando habla del temor a Dios. Existen dos conceptos principales del temor en la Biblia, y MacArthur está utilizando a ambos de manera intercambiable, lo cual es un poco engañoso, ya que el que no conoce sobre la Palabra se va con la impresión de que todos los pasajes que MacArthur cita están hablando de lo mismo, lo cual no es cierto. No quiero acusar a MacArthur de engañar a nadie; no creo que eso sea el caso. Pero, para un pastor de más de 40 años, autor de sobre 400 libros, maestro de la Palabra, con una maestría en Divinidad, no hay excusa para este error.

Cuando la Biblia habla de temerle a la muerte o a los que pueden matar al cuerpo, nos está hablando sobre el miedo. Esto es lo que MacArthur nos quiere decir cuando nos dice que no debemos de temerle al Covid-19. En otras palabras, no debemos tenerle miedo. Pero, cuando la Biblia nos habla del temor a Dios, no nos está hablando sobre el miedo, sino sobre la reverencia y el honor. Los pasajes que MacArthur cita (Deuteronomio 6:13 y Salmo 111:10) como evidencia de que debemos de temerle sólo a Dios, y no al Covid, están hablando sobre la reverencia, y no el miedo. Si nos estuviera hablando sobre el miedo, ¿quiere decir que la Biblia nos enseña que debemos de tenerle miedo a Dios? ¡Claro que no! Pero, esto es lo que MacArthur está insinuando al usar la palabra “temor” de esta manera, y entiendo que es una distorsión del mensaje bíblico.

Como he explicado en un blog anterior, la distorsión de la Palabra es inaceptable, aún cuando las intenciones son buenas, o el mensaje final es positivo. Seguimos, ahora, con el segundo punto: la luz.


Luego de hablar sobre el temor (el miedo), MacArthur intenta exhortar a la Iglesia a ser luz en medio de las tinieblas, insinuando que la única manera de ser luz en este momento es desafiar a las restricciones gubernamentales y mantener a los templos abiertos. Cita a Mateo 5:13-14, el cual nos llama sal y luz de la tierra, y concluye que aquí Jesús nos está diciendo que, “ninguna institución terrenal es más esencial que la comunidad de creyentes.” ¿Cómo él llega a esta conclusión en base de Mateo 5:13-14? Yo no sé, pero ignoraré ese punto por ahora. Mi problema principal aquí es que MacArthur está utilizando el concepto de la luz en medio de las tinieblas como una justificación para desafiar a las restricciones gubernamentales, cuando una cosa no tiene que ver con la otra.

Una lectura simple de pasajes como Mateo 5:13-14 demuestra que, cuando la Biblia habla de las tinieblas, con relación a la luz, nos está hablando sobre el pecado. Ser luz en medio de las tinieblas, entonces, tiene dos implicaciones bien importantes:

1) El cristiano debe de vivir apartado del pecado, en santidad.

2) De esta manera, el cristiano busca ser ejemplo para el mundo, glorificando a Dios, y proclamando al evangelio sin que su testimonio sea manchado.

El contexto de la luz y las tinieblas, entonces, es el pecado y la santidad. Cuando MacArthur utiliza el concepto de ser luz dentro del contexto de mantener a los templos abiertos, sin restricciones, lo que está insinuando es que, el no hacerlo es pecado. Si ser luz es apartarte del pecado, y para MacArthur ser luz en este momento es mantener a los templos abiertos, pues lo que nos está diciendo, entonces, es que cerrar los templos es pecado. De no ser así, una vez más está utilizando un concepto bíblico, y aplicándolo de manera errónea.

Analizemos un poco esta idea de que mantener a los templos cerrados es pecado. MacArthur mismo admitió haber cerrado los templos inicialmente, ante el peligro del Covid. Pero, una vez “se dieron cuenta” de que el Covid no era tan peligroso como se pensaba, decidió reabrir las puertas del templo. El problema con esto es que el pecado siempre es pecado. Si es pecado cerrar los templos, es pecado cerrarlos tanto cuando se cree que el Covid es peligroso, como cuando se cree que el peligro no es real. Vemos, entonces, que el problema de MacArthur no es que sea pecado cerrar los templos, sino que sencillamente él no cree que el peligro del Covid-19 es real. Posiblemente hay razones políticas envueltas en el asunto, también, dejándome llevar por algunos comentarios hechos en el artículo sobre el gobernador y la constitución, pero voy a ignorar eso, por el momento. Mi punto es que MacArthur está siendo inconsistente en su visión del pecado, justificando el cierre de los templos cuando creía que el peligro era real, pero llamándole pecado cerrar los templos cuando cree que el peligro no es real.

Dejándonos llevar por este criterio, entonces, vemos que el llamado de MacArthur a reabrir los templos para así ser luz es uno errado, y depende de la opinión de cada congregación. No se le puede llamar pecado a un pastor que decide mantener a sus templos cerrados porque ha decidido creerle a los expertos sobre el tema del Covid-19, creyendo genuinamente que el peligro es real, ya que esto es exactamente lo que hizo MacArthur al inicio de la pandemia. Es importante entender que las iglesias que han decidido permanecer cerradas, o abiertas con restricciones, lo hacen porque entienden que el peligro es real; no lo hacen en desobediencia a la Palabra de Dios. Por lo tanto, el asunto de ser luz en medio de las tinieblas no tiene nada que ver con el asunto, y es una aplicación peligrosa de la Palabra de Dios.

Un pequeño paréntesis, aquí. Si aceptamos, por el momento, que está mal cerrar los templos, o incluso que es pecado, y que es necesario mantenerlos abiertos para poder ser luz, ¿esto quiere decir, también, que debemos de abrirlos sin restricción alguna? Eso es lo que MacArthur está haciendo en su propia iglesia, abriendo su templo sin límite de personas, sin distanciamiento social, y sin el requisito de usar máscaras (esto, según las imágenes que han salido de sus cultos). La semana que viene, según MacArthur, esperan la llegada de cientos de niños y sobre 500 adultos adicionales a los que ya han estado asistiendo a los cultos. ¿Es esto ser luz? Para ser luz, no solamente es necesario reabrir los templos, sino que, ¿hay que reabrirlos sin seguir las medidas de seguridad, también? Honestamente, encuentro esto un tanto absurdo, y sumamente peligroso para la salud del pueblo.

Sigamos, ahora, con el último punto: la Iglesia.

No profundizaré mucho sobre este tema, ya que es un tema que amerita un estudio bastante extenso para poder entender y explicarlo bien. En medio de la pandemia, se ha debatido mucho sobre si los cultos virtuales deberían ser considerados como cultos reales, y sobre si la iglesia virtual realmente es una iglesia, bíblicamente. No quisiera que el mensaje de este artículo se pierda en este debate, así que solo me enfocaré en las exhortaciones específicas de MacArthur en su artículo.

Una y otra vez, MacArthur nos recuerda que es nuestro deber proclamar al evangelio. Esta parece ser la razón principal por la cual piensa que se debe de mantener a los templos abiertos. La Iglesia, según el artículo, es el único lugar en donde las personas pueden recibir las buenas nuevas, y ser librados del pecado y del temor (miedo) a la muerte. Los pastores, nos dice MacArthur, no se les dio permiso para tomar un descanso en medio de la pandemia, sino que tienen que seguir cumpliendo su llamado. Nos recuerda que tenemos que predicar la Palabra “a tiempo y fuera de tiempo,” y que esto es lo que la Iglesia ha hecho en el pasado en tiempos más difíciles que estos.

No intentaré refutar nada de lo que MacArthur nos dice sobre la importancia de proclamar al evangelio. Esto es cierto. Esto es la función principal de la Iglesia, y es algo que nunca se debe dejar de hacer. Mi único problema es que, para proclamar el evangelio, no es necesario hacerlo desde el púlpito de un templo. Sólo puedo hablar sobre las iglesias que conozco en Puerto Rico, y no sobre todas las iglesias alrededor del mundo. Por lo menos aquí, los templos se cerraron, pero la Iglesia nunca cerró. El evangelio se ha seguido proclamando. Hemos seguido glorificando a Dios. Los pastores han seguido trabajando, incluso poniendo sus vidas en peligro para poder seguir visitando a las personas en necesidad. Los he visto en las calles llevando artículos de necesidad a personas que han sido afectadas, no solo por la pandemia, sino por todo lo que hemos vivido en Puerto Rico por los últimos 3 años.

En otras palabras, la Iglesia no ha dejado de ser Iglesia sólo porque los templos se cerraron, temporeramente. Y, ahora que están reabriendo, la mayoría de las iglesias han decidido hacerlo de manera responsable, tomando las medidas de seguridad necesaria, para así continuar proclamando el evangelio, pero sin poner en peligro innecesario al pueblo.

Eso se llama ser luz (ser ejemplo). Eso es amar al prójimo. Eso es glorificar a Dios.

Si MacArthur se cree que la única manera en que el cristiano puede hacer todas estas cosas es desafiando al gobierno y reabriendo los templos sin restricción alguna, está totalmente equivocado. La verdadera Iglesia pone las necesidades de los demás primero. ¡Qué triste sería que, luego de todo esto, el pueblo pueda señalar las acciones irresponsables de los cristianos como la causa de la muerte de ciertas personas! Yo no sé tu, que me estás leyendo, ni tampoco sé lo que piensa MacArthur, pero personalmente, yo no quiero ese peso de culpa en mis hombros. Si alguien va a morir por el Covid-19, que no sea por mi propia irresponsabilidad.

Amar al prójimo va mucho más allá de simplemente mantener un templo abierto, y honestamente, aunque las intenciones de MacArthur pueden ser buenas, pienso que sus palabras son peligrosas, y que sus acciones pueden manchar más la imagen de la Iglesia ante un mundo que ya nos tiene la mira encima. En estos momentos, es necesario ser prudentes y sabios, no desafiantes y rebeldes. Hay momentos para desafiar, sí, y jamás podemos permitir que el gobierno, o ninguna otra persona o entidad, impida la proclamación del evangelio. Pero, entiendo que este no es ese momento. Este es momento para amar, ser sabios, cuidar por la salud de los demás, y de esta manera guardar nuestro testimonio para que, cuando prediquemos al evangelio, nuestras acciones irresponsables no sean un impedimento para el que lo necesita escuchar.

Eso es el verdadero temor a Dios. Eso es ser luz. Eso es ser Iglesia.

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