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Deconstrucción: Parte 2

Actualizado: 24 ago 2022


Hace varios días escribí la primera parte de este escrito. En aquel escrito, conté la historia de un famoso Youtuber (Rhett) que abandonó su fe, luego de haber sido criado como cristiano. El punto principal de ese escrito fue expresar mi tristeza profunda sobre personas como Rhett, y exhortar a la iglesia a que se de cuenta de que tenemos un problema llamado “deconstrucción,” y que necesitamos atenderlo urgentemente. Dediqué tanto espacio a estos dos puntos, especialmente el primero, que nunca me enfoqué en lo que es la deconstrucción, como tal. Ese, entonces, será el enfoque de este escrito.


Las preguntas que estaré intentando responder, aquí, son: ¿Qué es la deconstrucción? ¿Cuáles son las razones comunes detrás de la deconstrucción? Y ¿Qué podemos hacer?


¿Qué es la deconstrucción?


Primeramente, ¿qué es la deconstrucción? La realidad es que no existe una definición concreta, y esto puede ser decepcionante. Esta palabra parece que simplemente ha sido adoptada por los “millenials” y los “gen z,” en particular en las redes sociales, para describir lo que antes se le llamaba “de-conversión.” Es decir, como se usa comúnmente, simplemente se refiere al proceso que lleva a una persona a pasar de ser un creyente (usualmente cristiano) a un no-creyente (usualmente ateo). Pero, la palabra también tiene unas connotaciones históricas, y yo creo que esta es la razón por la cual esta palabra se ha vuelto tan popular.


En una de mis clases de la universidad, recuerdo haber leído sobre un filósofo francés llamado Jacques Derrida (1930-2004), quien se hizo famoso al cuestionar la validez de la “verdad,” en especial con referencia al lenguaje. Su argumento, en resumen, era que las palabras realmente no tienen ningún significado; el significado que nosotros percibimos cuando leemos un libro es producto de nuestra propia imaginación. No existe tal cosa como “significado,” o “verdad.” Mas bien, solo existen símbolos (letras, palabras, etc.), cuyo significado varía de persona en persona. Intentar deshacerse del “significado” o la “verdad” era la intención principal de Jacques Derrida, un proceso el cual ha sido llamado “deconstrucción.”

De aquí sale este palabra y este concepto, como lo conocemos hoy. La realidad es que esta filosofía creó un revuelo, originalmente, pero nunca cogió auge significativo ya que enfrenta problemas internos muy serios que no se han podido resolver. Por ejemplo, si es cierto que la verdad no existe, o que las palabras no tienen significado, ¿cómo sabemos que esto es lo que Derrida estaba intentando expresar? Si yo interpretara las palabras de Derrida como diciéndonos que las palabras si tienen significado real, ¿estaría equivocado? Derrida diría que sí, estoy equivocado. Pero, esto presume que existe un significado "correcto" detrás de sus palabras, lo cual refutaría su afirmación principal. Vemos, entonces, que la filosofía de Derrida requiere que exista tal cosa como la “verdad” y el “significado,” ya que, de lo contrario, Derrida nunca hubiera podido explicar o enseñar su filosofía. En otras palabras, la filosofía de Derrida se refuta ella misma.


Pero, Derrida era un hombre increíblemente brillante. Seguramente, él se tuvo que dar cuenta de este grave problema, ¿no? La contestación es, si. Derrida reconocía este problema, pero en su mente era producto, no de la falsedad de su filosofía, sino de los límites de nuestro lenguaje. Por tal razón, Derrida, y otros, dedicaron muchos de sus años a intentar crear un género literario que fuera completamente ausente de significado. Demás está decir que nunca lo logró. Aún así, Derrida insistía en su rechazo de la verdad absoluta, a pesar de sus problemas claros e insuperables. La pregunta que nos debemos de hacer, entonces, y la que nos va a acercar a la deconstrucción del cristianismo, es, ¿por qué Derrida llegó a estas conclusiones?


¿Por qué Derrida se oponía tanto a la “verdad”? La respuesta es porque, en su vida, Derrida había visto cómo tantas personas habían abusado de su poder para hacerle daño a otros, bajo la premisa de que ellos tenían “la verdad.” Lo vimos con Hitler. Lo vemos en el gobierno. Lo vemos en los extremos religiosos. Según Derrida, siempre que alguien dice tener “la verdad,” usa esa verdad para imponerse sobre los que están “errados.” Es esta creencia en “la verdad” que produce guerras, abusos, crímenes sociales, etc. La meta de Derrida, entonces, era derrumbar el fundamento detrás de tantas atrocidades. Y, para esto, era necesario deshacerse de “la verdad.”


Aplicando esto al cristianismo, podríamos definir la deconstrucción como el deshacerse de los fundamentos religiosos que han sido la fuente de tantos males sociales. Muchas de estas personas quieren re-evaluar o rechazar todo tipo de autoridad religiosa, rechazan la tradición (los escritos de los padres de la iglesia, por ejemplo), rechazan las creencias centrales del cristianismo, y rechazan cualquier afirmación de que existe una verdad absoluta. Por tal razón, es bien común que las personas que “deconstruyen” su fe llegan a la conclusión de que no existe ninguna verdad absoluta, que la institución religiosa lo que quiere es poder, y rechazan esta idea de que Jesús es el único camino a Dios. Con estas ideas en mente, no debería de ser sorprendente ver a tantos cristianos, hoy día, que adoptan o apoyan tantas creencias que son contrarias a su fe. Para ellos, no existe una sóla interpretación correcta de la Biblia; no existe un solo camino a Dios; y, por lo tanto, en sus mentes ellos siguen siendo cristianos, a pesar de que no afirman las enseñanzas centrales del cristianismo. Las conexiones con la filosofía de Derrida son claras.


A nivel personal, la deconstrucción quiere decir reflexionar sobre mis creencias, analizarlas con la intención de encontrar sus errores, rechazar lo que está errado o hace daño, y quedarme con el resto. Algunos cristianos entran en este proceso de deconstrucción, y salen cristianos, al final. Pero, su definición de “cristiano” es cuestionable, por no decir completamente equivocada. Como expliqué arriba, muchos se siguen llamando cristianos, pero rechazan las doctrinas básicas del cristianismo como la infalibilidad de la Biblia, el sacrificio salvífico de Jesús, o que Jesús es el único camino a la salvación. Pero, aunque algunos siguen llamándose cristianos, la mayoría de los que pasan por el proceso de deconstrucción termina siendo ateos o agnóstico, al final de todo. Esto se debe principalmente a que, una vez rechazamos los elementos básicos o centrales del cristianismo, no hay razón para seguir afirmando el cristianismo, en general. En palabras sencillas, la deconstrucción es un proceso de análisis y cuestionamiento de nuestras creencias, el cual nos lleva a redefinir o rechazar esas creencias, parcialmente o en su totalidad.


¿Cuáles son las razones principales detrás de la deconstrucción?


La realidad es que las razones detrás de la deconstrucción pueden variar drásticamente, de persona en persona. Pero, usualmente el proceso comienza con sentir dudas, no recibir o encontrar respuestas satisfactorias a esas dudas, culminando en una pérdida de fe. En estos días, comenté bajo un video en tiktok de un joven contando su historia de deconstrucción, y pedí que las personas me dejaran saber las razones por su deconstrucción. Recibí decenas de comentarios, y lo siguiente es un resumen de las razones más comunes que me ofrecieron. Una breve búsqueda en Google me confirmó que estas son algunas de las razones principales.


Primeramente, un factor común entre las personas que “deconstruyeron” es que fueron “indoctrinados” a una temprana edad en un ambiente religioso que les impedía hacer preguntas. Es importante entender que este es el factor principal que distingue la deconstrucción y la deconversión (pérdida de su fe). Estas personas me contaban que, en sus hogares y en sus iglesias, todo el mundo tenía que creer lo mismo, comportarse de cierta manera, y evitar ciertos temas. En el caso de Rhett, por ejemplo, él contó que a él lo criaron con la enseñanza de que la ciencia y la evolución eran del diablo. Estas personas usualmente son aisladas del mundo real con la intención de evitar que se “contaminen.” El resultado de esto es que, una vez estas personas se van para la universidad, o se mudan del estado en donde se criaron y son expuestos a otras formas de pensar, se van dando cuenta de que lo que se les enseñó sobre el mundo no era real, o sencillamente no saben cómo responder ante tal choque cultural. Muchas de estas personas se encuentran en “shock” cuando se dan cuenta de que su comunidad de fe no les preparó adecuadamente para el mundo real, y comienzan a sentirse defraudados. Cuando comienzan a aprender sobre la ciencia y se dan cuenta de que la evolución es sustentada por muchísima evidencia, sienten que la iglesia les mintió, les falló, y que el cristianismo solo está fomentando la ignorancia. Esto es increíblemente común en los estados unidos, en especial en los estados del sur, en donde estamos viendo el mayor número de personas pasando por deconstrucción. Una vez se encuentran con esta nueva realidad, comienzan a re-evaluar sus creencias, se dan cuenta de que existen otras maneras de vivir que les hace más sentido, o que no son tan difíciles, y terminan abandonando su fe.


El segundo factor común entre los que me respondieron fue un sentido de miedo o temor. Muchos decían que se sentían pecadores, constantemente, y sentían un peso increíble por dentro porque no podían llenar las expectativas del cristianismo. Al parecer, fueron enseñados que, para ser salvo, hay que ser perfecto, o algo similar. Pero, la realidad es que no somos perfectos. Los jóvenes, especialmente, pasan por tantas luchas con el pecado. Y, cuando se les dice que, si caen en estos pecados (el sexo, la pornografía, la masturbación, etc.) se van a quemar en el infierno, no se atreven a confesarle a nadie sobre sus luchas, y se sienten que no son dignos de ser salvos. Algunos piensan que, si están luchando tanto con estos pecados, es porque realmente no son salvos. Demás está decir que este tipo de pensamiento crea una ansiedad increíble en estas personas, haciéndolo casi imposible seguir afirmando su fe. Fue increíble leer a tantas personas contarme de que por tantos años (una persona me dijo que sintió esto por 30 años como evangélica) ellos sentían constantemente un temor por quemarse en el infierno. Y, eventualmente este temor los venció, y terminaron abandonando su fe. Imaginen el alivio que deben de sentir estas personas al rechazar la religión que, toda su vida, les había causado tanto sentido de miedo y culpabilidad. Con este tipo de crianza, su deconstrucción es más que entendible.


Otro factor común que noté fueron las experiencias negativas. Muchas de estas personas vivieron, u observaron, tantas heridas causadas por otros cristianos. Para estas personas, no tiene sentido que, si el cristianismo es verdad, existan tantas personas que dicen ser cristianos que cometen tantas atrocidades. Pastores que son infieles, o que abusan sexualmente de sus miembros. Abusos verbales desde el altar, predicaciones que dicen que los homosexuales todos se van a quemar en el infierno, congregaciones que avalan a ciertos partidos políticos, por más corruptos que sean, etc. Esto sin mencionar todas las atrocidades que, históricamente, se han cometido en el nombre de Dios.


Recuerdo leer una de las historias más impactantes que he leído en mi vida. La leí en un libro de la universidad sobre la esclavitud. El relato fue escrito por un ex-esclavo que vivió el periodo de ser raptado de áfrica, llevado en un bote a lo que ahora es los estados unidos, y luego esclavizado por el resto de su vida. El ex-esclavo cuenta su experiencia en el bote a los estados unidos. Nos dice que tenían a tantas personas en las partes bajas del bote que no podían moverse. Todos hacían sus necesidades al lado de los demás, vivían en su propio excremento, no eran alimentados, etc. Encima de esto, frecuentemente venían sus esclavizadores cristianos y violaban a las mujeres. En ocasiones, las personas se caían en excremento y morían asfixiados en ese excremento. El hombre cuenta estas historias, y se pregunta, “¿cómo estas personas que dicen ser cristianos se atreven a cometer estas atrocidades?” Yo me pregunto lo mismo.


Nota adicional: Luego de haber escrito este artículo, una muchacha me escribió para contarme su historia personal. Me dijo que su pastor abusó de ella sexualmente desde que era niña. Cuando intentó defenderse y exponerlo, la iglesia protegió al pastor, la aisló a ella, y actualmente me dice que tiene que ver todos los días como "Dios bendice grandemente" a ese pastor abusivo. ¡Qué horrible! Con este tipo de experiencia, ¿realmente nos sorprende que tantas personas estén abandonando su fe?


Otra de las razones principales por la cual muchos “deconstruyen” su fe es por la falta de evidencia. Sencillamente, no encuentran ninguna evidencia de que Dios existe, y de que la Biblia es verdad. Esta falta de evidencia es empeorada cuando entran a la universidad y se dan cuenta de que existe mucha evidencia a favor de la ciencia, la evolución, etc. Usualmente, estas personas ven esta evidencia como evidencia en contra del cristianismo. Y, como su comunidad de fe nunca se encargó de prepararlos, no saben cómo responder, y terminan abandonando su fe.


Por último, y yo diría que esta es de las más comunes, un factor común en la deconstrucción es la falta de experiencias sobrenaturales. Es decir, “yo no siento a Dios.” Estas personas dicen que oran, adoran, van a la iglesia, y le piden a Dios que se deje sentir, pero Dios no les responde. Muchas de estas personas pasan años sin sentir a Dios, y su fe va menguando, su corazón se va enfriando, hasta que llegan a la conclusión de que la razón por la cual no sienten a Dios es porque Él no existe. Yo me identifico especialmente con esta última razón, y conozco a varios cristianos que se han sentido así, en algún momento dado. El silencio de Dios es detrimental para nuestra fe, y por tal razón no es sorprendente ver a tantas personas abandonar su fe por completo, a raíz de este silencio.


¿Qué podemos hacer?


Debería de ser más que claro que la razón principal detrás de la deconstrucción es la misma iglesia. Desde cristianos que viven en pecado, a iglesias que no enseñan una sana doctrina, y a congregaciones o comunidades religiosas extremistas que buscan aislarse del mundo real. La iglesia tiene que ser mejor. Es inaceptable que hayan cristianos o cristianas, dentro de la iglesia, que están pasando por dudas y no saben a quién acudir. Es inaceptable que no estemos enseñando un evangelio bíblico y sano. Es inaceptable que no estemos enseñándole a las personas a cómo defender su fe (la apologética). Y, es inaceptable que no estemos haciendo más para crear un ambiente cristiano el cual promueve la sanidad, en vez de proteger a los que usan el cristianismo para abusar de otros.


Muchos de estos problemas detrás de la deconstrucción se podrían solucionar con una buena enseñanza de sana doctrina. Veamos, por ejemplo, el segundo factor más común que mencioné arriba (miedo al infierno). ¿Por qué hay personas que se crían con este miedo? La Palabra nos enseña que la salvación es por fe, y no por obras (Efesios 2:8-9). Nos dice que la salvación es un regalo (gracia), y que no hay condenación para los que creemos en Cristo (Romanos 8:1). Si esto es lo que enseña la Palabra, ¿por qué hay personas que aún sienten este miedo al infierno? La razón es porque nosotros, como iglesia, no nos estamos encargando de enseñar, clara y correctamente, el evangelio libertador que nos presenta la Biblia. ¿Cuán fácil hubiera sido apaciguar este miedo de estas personas, con tan solo abrir la Biblia y leer estos versos?


Similarmente, el problema de la falta de evidencia se podría solucionar si las iglesias creyeran y practicaran un poco más en la apologética. 1 Pedro 3:15 nos dice que tenemos que estar preparados para defender nuestra fe. ¿Por qué no le estamos haciendo caso? Una de las razones por la cual no le hacemos caso, además de que es difícil prepararse adecuadamente para responder a ciertos temas, es porque la iglesia tiende a enfatizar demasiado el aspecto "espritual" o "emocional," ignorando el aspecto intelectual. Para muchos cristianos, enfatizar demasiado el intelecto va contrario a intentar establecer una relación personal con Dios. "Conoces mucho sobre Dios," dicen, "pero, no conoces a Dios." Sin embargo, en mi experiencia mientras más yo aprendo sobre Dios, más cerca a Él me siento. Estudiar la teología y la apologética también me ha ayudado a fortalecer mi fe, y me obliga a practicar la humildad, reconociendo que mi mente no es capaz de entender la grandeza de Dios en su totalidad. Pero, lo más importante sobre el estudio de la Palabra y la apologética es que le da las herramientas necesarias a las personas para cuando se enfrentan con dudas, ataques, cuando se van a la universidad, etc. Con un mayor enfoque en la teología y la apologética, podríamos combatir dos de los cinco factores que he mencionado, aquí, y podría ayudar en un tercero (el problema de no sentir a Dios).


Sin embargo, aunque algunos de estos problemas se pueden resolver con una sana doctrina, algunos de estos problemas están centrados en malas experiencias, y esto es casi inevitable. Lamentablemente, la iglesia se compone de personas imperfectas, y en ocasiones de cristianos falsos que solo buscan lucrarse o hacerles daño a otras personas. Sin embargo, podemos hacer varias cosas para limitar estos daños. Primero, puedo asegurarme de que yo no sea esa persona que está dando un mal ejemplo de Cristo, y haciéndole daño a las personas. Segundo, puedo promover un sistema de rendimiento de cuentas en mi iglesia, intentando asegurarnos de que nuestra iglesia no está protegiendo a los abusadores. Tercero, debemos ser más cuidadosos a la hora de asignar personas a ciertas posiciones. Demasiadas veces he visto congregaciones otorgarle posiciones de autoridad a personas, simplemente porque no había más nadie, o porque la persona dijo que “si.” Esto es inaceptable. La Palabra nos da ciertos criterios para las posiciones de autoridad (1 Timoteo y Tito, por ejemplo). Tenemos que tomar estos criterios más en serio.


Además de esto, debemos de dejar de promover un evangelio que solo llena las emociones. Yo sí creo que Dios se deja sentir, y que en ocasiones ocurren experiencias sobrenaturales. También creo que, si algo es verdad, esto debe tener algún impacto en nuestra experiencia. Pero, rechazo la idea de que la experiencia lo es todo. No lo es todo; ni tan siquiera es lo principal. Las experiencias no determinan si algo es verdad, o no. Si esto fuera así, ¿qué tal de las personas que tienen ciertas experiencias religiosas en otras religiones no-cristianas? ¿Son todas válidas? Claramente, no. Este énfasis en las emociones, y en “sentir” a Dios, parece estar haciendo más daño que bien en algunas personas. Yo fui una de esas personas. Ver y escuchar tantas historias de experiencias con Dios en la vida de otras personas me hizo cuestionar mi propia fe. Yo no estaba teniendo esas experiencias, y no estaba sintiendo a Dios como pensaba que debería de sentirlo. Por tal razón, comencé a dudar si Dios era real. Eventualmente, vencí esas dudas (para más sobre esto, busque mi libro: Sacado del Lodo: Cómo Vencí Mis Dudas Sobre Dios en amazon.com, o me escribes un mensaje, e intento hacerle llegar el libro). Pero, no todos podemos vencerlas. Por tal razón, es esencial que la iglesia entienda que las emociones son un factor secundario, y que no son esenciales para saber si Dios es real, o no. Dios sigue siendo real, se deje sentir o no.


Podemos ver, entonces, que aún estos factores centrados en malas experiencias podrían ser resueltos (en parte) con una sana doctrina. Una iglesia que promueve una sana doctrina inevitablemente creará cristianos y cristianas que han sido verdaderamente transformadas por Cristo. Y, de esta manera, limitamos la cantidad de personas que están sirviendo en la iglesia por razones egoistas, usando sus posiciones para abusar de otros, etc. También creo que es importante que la iglesia promueva más la salud mentad, quizás ofreciendo o refiriendo a las personas a ciertos profesionales (idealmente cristianos) que puedan ayudar a sanar ciertas heridas, vencer los abusos del pasado, etc. Como mencioné arriba, tenemos que hacer más para crear un ambiente que verdaderamente sea sanador, en donde las personas sientan seguridad, protección, y confianza, en vez de vivir con miedo.


Por último, relacionado a los abusos en la iglesia, tenemos que hacer más por dejar de idolatrar a nuestros líderes. El pastor de una iglesia es un siervo escogido (en teoría) por Dios para guiar a sus ovejas. Pero, es un ser humano, como tu y como yo, con sus defectos y debilidades. Demasiadas congregaciones estiman al pastor a tal nivel que se acerca a la idolatría, en donde no les es posible, en sus mentes, ver sus defectos. Creen que tienen que proteger al pastor ante cualquier circunstancia, aún cuando se trata de acusaciones de abuso sexual o físico. Esto es una mentalidad horrible y destructiva, y sobre todo, no es bíblica. Como sociedad, tenemos que dejar de proteger a los abusadores, y esto incluye especialmente a la iglesia.


Podría decir mucho más sobre el tema, pero, creo que lo más importante ya lo he dicho: la iglesia necesita una reformación. La iglesia necesita despertar y darse cuenta de que estamos perdiendo a estas generaciones. Una vez más lo digo: claramente, lo que estamos haciendo, como lo estamos haciendo, no está funcionando. Por tal razón, necesitamos un cambio. Necesitamos una iglesia que responda a las necesidades reales de esta sociedad, sin comprometer la verdad del evangelio. Quizás si hacemos eso, podemos evitar tantas “deconstrucciones.”

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